Clima de inseguridad
Con la asistencia de representantes de Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana, hace pocos meses se realizó, en la capital panameña, una importante Feria orientada a la seguridad, que contó con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, del Sistema de la Integración Centroamericana y de la Agencia Española de Cooperación Internacional.
Este evento cerró con la firma de un acuerdo entre las repúblicas mencionadas para, durante el 2011, proseguir colaborando con la Estrategia Regional de Seguridad en Centroamérica y México. Este último país viene llevando a cabo, en concertación de esfuerzos con los Estados Unidos, la Iniciativa Mérida que tan buenos resultados está dando en el combate a la delincuencia transnacional organizada.
Estos y otros referentes demuestran la enorme preocupación que existe en el área centroamericana y caribeña, en torno a la violencia e inseguridad ciudadana. Es por demás inquietante analizar que a esta pintoresca región se la cataloga como una de las más violentas del mundo. El diagnóstico al respecto es conocido y lo que corresponde es intensificar esfuerzos, nacionales e internacionales, enmarcados en la seguridad y el desarrollo. La globalización que vivimos entraña aspectos sumamente positivos, también de los otros generados por la mundialización del delito, por ello es imprescindible el recíproco apoyo de los gobiernos para incrementar los niveles de protección a la ciudadanía y abatir la impunidad.
Son crecientes los fenómenos sociales, entre otros, tráfico y consumo de drogas (avanzan las sintéticas), lavado de activos, contrabando de armas de fuego y municiones, secuestros, asaltos, trata de personas, accionar de pandillas y extorsiones de diversa índole. Ante esto, que ocasiona zozobra, muertes y descenso comunitario, lo menos que debe hacerse es reforzar las medidas pertinentes, mejorar los programas de beneficio popular especialmente en los sectores más pobres y perfeccionar las capacidades operativas de las correspondientes fuerzas de seguridad. No hay que olvidar que, singularmente, las mafias del narcotráfico manejan colosales cantidades de dinero turbio y llegan a desafiar a las principales potencias.
Ante el clima de palpable inseguridad que se vive desde México hasta la Patagonia, la cobertura debe abarcar no solamente a territorios centroamericanos y caribeños, si se considera, además, el dinamismo de grupos narcoterroristas procedentes de América del Sur, como las FARC, o de Oriente Medio, impulsados por el fundamentalismo islámico que cataloga como héroes a los asesinos. En esta y otras materias, se vuelve necesario retomar los caminos ya trazados por el Panamericanismo.
