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Club de ricas e influyentes


Alfredo Hernández S. / PANAMA AMERICA

La existencia de los clubes, yo qué sé desde cuando existen, ni me importa. Da la impresión de que siempre el hombre ha intentado tener un núcleo cerrado y exclusivo.

No se crea un club de tontos porque la internacionalización o globalización sería de tal magnitud que habría que llevar una insignia que nos podía excluir al que no se sintiera integrado.

Hay un club de sabios en Europa y no quiere decir -a las pruebas me remito- que todos los que lo integran sean de una sabiduría reconocida.

Ahora leo y lo escribo, que hay un club de “ricas e influyentes”. Existe un club, Belizean Grove, creo que así se llama, “exclusivo de gente rica, influyente y poderosa de la banca, de la empresa, de la abogacía y otros sectores”. Inversiones millonarias que comparten experiencias y se apoyan unas a otras. La mayoría son de EE.UU., pero van extendiéndose a otros países. Es indispensable ser mujer. Este selecto club se funda en 1999 por Susan Stantberg y ahora presidente de PartnerCom. Parece que lo integran 125 mujeres elegidas con la condición de la “recomendación de una hermana mayor”, y así se integra en este club. Aprenden unas de otras, se enriquecen sus mentes y hacen verdaderas amistades. Según un diario neoyorquino, trabajan para colocar a una mujer en la Casa Blanca.

Desde luego este club tiene un “olor” a elitismo, y se preguntan, ¿qué pasaría si ocurriera lo mismo en un club solo para hombres?, algo que tanto revuelo causó en tiempos no tan lejanos.

Pero EE.UU. es un país suficientemente libre para que cada uno, en este aspecto, haga lo que quiera. Algo que en España lo tendría más difícil; según el proyecto de Igualdad de Trato, quien hiciera esto sería culpable de discriminación.

Alfredo Hernández S.

opinion@epasa.com

Andalucía, España.

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Lunes 17 de agosto de 2026