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Colombia, nuevo Acuerdo de Paz en Cuba

Por: Redacción 20/11/2016

El Gobierno colombiano y las FARC-EP han firmado un nuevo Acuerdo de Paz, el cual es de esperar sea ratificado aún a pesar de no satisfacer totalmente las aspiraciones de la clase pobre colombiana que ha aportado la sangre de sus hijos en ambos bandos, así como haber aportado sus angustias, sufrimientos y la pérdida de sus tierras. Quienes apuestan por la continuidad del conflicto y que han hecho y hacen todo lo posible por invalidar la firma de los Acuerdos, no deberían tener cabida en ese país ni en una sociedad civilizada, consciente y consecuente de que el camino de dolores y crueldades que se ha recorrido, debe parar.

No más viudas, no más huérfanos, no más madres con esposos, padres e hijos asesinados por la incomprensión, el ánimo de enriquecimiento, envanecimiento político-social y otros apetitos insaciables a costa de miles de vidas, desplazados, migrantes y freno al desarrollo de un país que reúne todas las condiciones y merecimientos para lograr mejores destinos para sus hijos y para el mundo. Los hipócritas, los vende patria y negociadores del dolor ajeno deben entender que no dejan un buen legado a sus familias ni al país nacional que han contribuido en ensangrentar. La historia fiel los condenará como lo que han sido y son: embaucadores de un pueblo noble víctima de tramas políticas criminales desde la génesis del conflicto cuando disfrazaban paramilitares para asesinar conservadores a nombre de liberales y viceversa. Muchas de las condiciones del conflicto persisten.

Ese ha sido el rejuego en las cúpulas de los 2 partidos tradicionales –que en el fondo son lo mismo - y que se han venido repartiendo el gobierno alternativamente desde sus cúpulas sociales. Persisten en sus políticas de miedo, confusión y piedras en el camino para impedir el logro de la paz. Quienes no creen en la unión y la reconciliación temen ser investigados y perder sus privilegios, por eso no quieren la paz. Para este nuevo logro más de quinientas propuestas fueron presentadas y discutidas a través de 57 temas de los cuales 56 fueron consensuados. Solo el inalienable derecho de los guerrilleros, como colombianos que son, a conformar un partido político y ser electos por su pueblo, quedó como estaba antes. Así ha pasado en todos los acuerdos firmados en el mundo con iguales o similares circunstancias. De no ser así, tampoco deberían tener derecho a ser elegidos quienes han participado u ordenado acciones criminales y despojos desde cargos públicos.

Los voceros del “no” anterior, que se abrogaron ese “triunfo”, solo fueron oportunistas ya conocidos, según ha sido denunciado por el pueblo. Para lograr este nuevo Acuerdo todos los actores sociales participaron, aún los guerreristas quienes con su actuación dejaron claro cuáles son los verdaderos intereses que los asisten. Así lo dicen ciudadanos entrevistados. Temas cruciales fueron replanteados, como la reparación a las víctimas del conflicto, que debe incluir a los falsos positivos –jóvenes inocentes que fueron asesinados para lograr prebendas otorgadas por el gobierno a algunos indeseables integrantes de las fuerzas armadas - . En este tema habrá que tener mucho cuidado con quienes hayan adquirido bienes mal habidos, como también que luego no hayan trampas por intereses económico-políticos. Las ONG quedaron sujetas al poder judicial. Las tutelas contra la jurisdicción transicional será controlada. Las preocupaciones empresariales también fueron plasmadas. Las FARC-EP tendrán un partido político en igualdad de condiciones, está por verse -. Sobre la implementación del Acuerdo, el presidente Santos ha asegurado que ”el gobierno será el único responsable”, y ¿si queda algo luego de su salida del poder?...

La ideología de género – que fue aprovechada por los proponentes del “no” en el plebiscito anterior – fue amplia y suficientemente aclarada y establecida, según el presidente.

Se espera que este nuevo Acuerdo no solo sea el silenciamiento de las armas sino el sello final a los rencores, las injusticias, la discriminación social, racial y, sobre todo, el final de las dinastías corruptas que se han repartido el poder político y sus mieles mientras la inmensa mayoría de colombianos son ignorados y solo recogen migajas. ¿Se verá la justicia y la equidad después de tanto derramamiento de sangre por más de 50 años y 6 años de estas negociaciones? Hay muchos cuervos internos y externos revoleteando.

Analista Internacional

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