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Colombia-Venezuela: ¿Cara a cara?


Finalizada la cita de la Unasur en Quito, donde por cierto Ecuador logró reunir con éxito en apenas una semana, a ocho cancilleres y dos vicecancilleres; los ministros y viceministros de Relaciones Exteriores de América del Sur, no lograron superar la crisis diplomática surgida entre Venezuela y Colombia .

Ante la propuesta de Caracas de aprovechar la coyuntura para buscar mecanismos globales de paz en y con Colombia, entiéndase implementar un “plan de paz” que permitiese retomar la propuesta de negociación con las guerrillas; el cónclave estuvo a punto de aprobar un documento que a contrapelo de la postura venezolana, tan solo definía la creación de mecanismos de cooperación para verificar la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, lo que implicaba el monitoreo de la exigencia colombiana del proceso de desmovilización de las FARC y el ELN, que se denunciaron como presentes en territorio venezolano. Sin embargo, consciente de que sus intereses no se veían del todo reflejados en el acuerdo anterior, en el último minuto Venezuela, decide renegar del texto del mismo. En consecuencia, comoquiera que no se alcanzó el consenso requerido debido a lo sensitivo de las cuestiones abordadas, se decidió trasladar la toma de decisiones al más alto nivel, es decir, a los presidentes involucrados en la disputa, subrayando el compromiso de Unasur de encontrar salidas pacíficas a los conflictos y problemas que se den en la región, basados en el entendimiento diplomático (conjuración de la guerra), y el respeto a la soberanía de los Estados, puntualizando, que para ello, era obligatorio, evitar la presencia de grupos irregulares en la zona.

En esa misma dirección, la cumbre de cancilleres promoviendo el auspicio multilateral de solución de la controversia, mandató a la Secretaría General de Unasur, encabezada por Néstor Kirchner, (quien aparentemente no asistió, a fin de conservarse como candidato idóneo ante una posible mediación), para que recogiera los planteamientos, criterios e iniciativas de los países, en relación a propuestas en busca de la paz en la región.

Es evidente que la tarea ahora se complica, puesto que si el tiempo así lo exige, implica la necesidad de un eventual involucramiento en la dinámica del nuevo Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien tendrá que, necesariamente, apropiarse de la postura del gobierno precedente. A su vez, se requerirá la aquiescencia para negociar del mandatario venezolano, Hugo Chávez. A propósito de este último, de admitir su participación en las negociaciones, es probable que querrá condicionar la desmovilización de la guerrilla colombiana en Venezuela, primero a la discusión del status de las bases militares norteamericanas en Colombia , o en su defecto como mínimo, alcanzar la suscripción de un pacto de no agresión, ello sin soslayar la determinación del futuro de los desmovilizados en caso de ser entregados a Colombia.