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Colón y su gente: prioridad en el desarrollo integral

Por: Redacción 29/08/2014

Cuando se analizan, desde la perspectiva sociológica, los componentes históricos, culturales, espirituales, políticos, económicos de toda sociedad o componente de seres humanos, es indispensable considerar, desde una perspectiva de completitud, todos aquellos factores que han sido determinantes en la conformación y consolidación de ese grupo social, llámese comunidad, pueblo, región, nación o Estado.

Lo anterior, a propósito de la provincia de Colón que, a mi juicio, a menos de una década, se proyectará como la provincia de mayor pujanza turística y económica en nuestro país, y no lo digo a propósito de la Zona Libre de Colón, sino en atención al espíritu de lucha, al carácter emprendedor, a la nobleza de su gente, al entusiasmo que connota a la juventud, a las metas perseguidas por generaciones de colonenses que, simple y sencillamente, se cansaron del menosprecio social de restantes conciudadanos que los tildan, de modo injusto y hasta inhumano, como los compatriotas que viven del juegavivo. Equivocación.

Los colonenses son, como los ciudadanos de las restantes provincias, ciudadanos panameños. Lo que se predica o diga del colonense, también se dice o predica de toda nuestra población. No podemos, a raíz, de menosprecios sociales, de atavismos propios del desdeño y el menoscabo social, hablar mal de nosotros mismos. Tampoco podemos permitirlo a quienes plagados de un espíritu anayansista, creen que los de afuera son mejores que nosotros y que nosotros somos menos que otros.

He tratado, durante años, a muchos hombres y mujeres colonenses. Me agrada de ellos el espíritu afable que siempre manifiestan en las conversaciones. Que de todo vean el lado positivo y que, generalmente, siempre tienen una sonrisa a flor de piel como clara muestra de camaradería, amistad y buen trato. Son hombres y mujeres que forjan la lucha, se hacen en la lucha, crecen en la lucha, no vienen de abolengos ampulosos o de apellidos rimbombantes, sino que como sociedad, como pueblo cohesionado por lazos históricos y raciales –de los cuales ninguno de nosotros puede escapar–, han forjado un destino del cual tienen un claro concepto de su dimensión valórica y proyección superlativa y que requieren del apoyo pleno de los Gobiernos.

Claro que en Colón hay problemas sociales. Problemas que trascienden en la aflicción del buen espíritu de los colonenses que todo lo que demandan o exigen, sin duda alguna, es, entre otras cosas, un trabajo digno y decente, una remuneración justa y que sea compensatoria de sus necesidades vitales, como alimentos, educación para sus hijos, buenas escuelas, casas dignas, barriadas salubres y decentes, calles dignas, ornato admirable, en fin. Tienen derecho a sentirse orgullosos de su ciudad, de sus costas, de sus playas y mares, de sus bosques, de su flora y de su fauna, pero sobre todo, a sentirse orgullosos de que son gente con una mística de trabajo y de decencia.

Que la delincuencia en Colón sea una realidad, cierto, pero también es una realidad de todo el país; que hubo y habrá corrupción, pues también la hay en el resto del país y en todas partes. ¿Conformistas? De ninguna manera. Lo que se quiere, demanda y exige, sencillo, es que se le preste toda la atención a una provincia que aporta y todavía tiene mucho que aportar a Panamá, pero sobre todo, para aportarse a ella misma, a su gente, a sus pueblos. Son flagelos, los anotados, contra los que todos tenemos que aportar nuestro grano de arena: la decencia y la honestidad en nuestros actos, básicamente.

En consecuencia, quedan pendientes tareas grandes, enormes, que no son imposibles de realizar, todo lo que se requiere es un espíritu noble de gobernantes que quieran empujar a Colón, a los colonenses, ayudarlos, asistirlos y que se integren, de modo inmediato, a todo programa de desarrollo urbanístico, social, cultural, etc.

No pueden los colonenses quedar por fuera en todo acto promisorio de desarrollo, ellos deben ser los primeros en ser tomados en consideración y que los empresarios colonenses entiendan, de una vez por todas, que la mano de obra colonense demanda y requiere ser tomada en cuenta.

Ellos, los trabajadores, el pueblo todo, tienen la obligación de capacitarse, integrarse al desarrollo y ese es un derecho inalienable y consustancial a la dignidad humana.

En los contratos que habrán de emerger a raíz de los planes y programas de desarrollo prometidos para los colonenses, para la provincia de Colón, debe ser prioritario que ellos, nuestros compatriotas, estén en primer lugar. La gente de Colón lo merece. Es su derecho propio.

Por otra parte, los colonenses deben cerrar filas crear un movimiento de lucha y de trabajo, en el que quede excluida la mente proclive al delito y a ese, el que delinque o es amigo del crimen, rehabilitarlo, reintegrarlo a efectivos planes de verdadera defensa social.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026