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Cómo caminar encima del mar


Rómulo Emiliani / Monseñor (opinion@epasa.com) / -

Sorprendió a los discípulos ver a Jesús caminando encima del agua, tanto así que el miedo se apoderó de ellos porque creían ver a un fantasma. Pedro al reconocerlo se lanzó al mar y empezó a caminar y lo hizo mientras tuvo fe en el poder de Jesús. Cuando dudó empezó a hundirse (Mt 14,23-32).

El mar caótico de la vida. ¿Quiere usted caminar por encima del caos de las olas de la incomprensión, rivalidades, envidias, depresión, ira, codicia y avaricia sin desesperarse y hundirse? Pues trasciéndase. ¿Y qué significa eso? Uno de los atributos que nos definen como seres humanos es nuestra “autotrascendencia”, que es esa capacidad de elevarnos, de sublimarnos, de situarnos en un nivel de existencia más espiritual, en una dimensión más cercana al Ser.

El drama nuestro. Nacimos para Alguien, para un Ser trascendente, eterno, pleno y nuestra alma intenta de muchas maneras llegar a Él. En verdad, siempre lo estamos buscando a Él, pero nos distraemos, nos confundimos con cualquier cosa terrena a la que le damos el valor de infinito y nos gozamos de ese “objeto” por un tiempo creyendo que es divino, hasta que hastiados nos damos cuenta de que no es Dios. Y así vamos dando tumbos, buscando en las cosas del mundo al Dios que está por encima de todo.

¿Cómo autotrascendernos? Descubrir a Dios, experimentar su revelación, su manifestación gloriosa en momentos “cumbres” que pueden estar rodeados de la mayor sencillez, muchas veces en el silencio y soledad. Ese es “el salto cualitativo” que nos ubica en un nivel de conciencia luminosa y de gozo. Estos destellos de la divinidad que aparecen en la oración personal, en un retiro, en la eucaristía o en momentos difíciles personales, son los que marcan la diferencia en una vida. Nunca olvide esos momentos y profundice en lo que el Señor le manifestó, tal y como hizo Israel recordando su salida de Egipto, liberados por Dios.

Autotrascenderse significa tomar conciencia de que hay un Ser divino, personal, fuente de todo, eterno, inmutable, infinitamente misericordioso que está ahí, siempre, esperando que demos ese

paso adelante y nos situemos en su dimensión celestial para entablar un diálogo filial con Él. Autotrascenderse es saber que todo lo terrenal es pasajero, caduco, sin consistencia propia, y que se desvanece con el tiempo. Honores, fama, dinero, poder, placer, conocimientos, todo es en esencia temporal. Hay Alguien que nunca pasa ni envejece ni muere, que es eterno y absolutamente consistente en sí mismo. Autotrascenderse es saber que Él es y “estar en Él”.

Desde ahí entonces puedo mirar que todo lo que me angustia, desespera o me deprime en verdad es poca cosa y tiene que ver con perder algo y con el miedo. El miedo a perder la vida, la familia, el trabajo, la salud, la fama, el poder, el dinero, el aprecio de otros, la mente lúcida. Y el miedo paraliza, te roba vivir el presente, te mantiene puesta la mirada en el futuro y de manera catastrófica. Para vencer el miedo y la pérdida:

1) Creer que todo lo que me sucede lo permite Dios para bien de mi vida. 2) Que las pérdidas pueden ser asimiladas si tengo bien claro que el mayor bien, el esencial, lo único necesario en sí es estar en Dios. 3) Que las pérdidas materiales no pueden afectar el núcleo esencial de nuestra vida, la relación íntima con Dios, que debe permanecer intacta. 4) Que la pérdida de un ser querido al final es para bien, sabiendo que la resurrección es la finalidad suprema; el estar para siempre con Dios. Y que nos reuniremos en el cielo. Ahora bien, el dolor por la pérdida es parte de la vida y no me escapo de él. Pero el sufrimiento purifica, lo hace madurar a uno y lo acerca más a la Pasión de Cristo que, según san Pablo, completamos si ofrecemos nuestro dolor por la salvación de la humanidad. 5) Que debo tener la suficiente sabiduría para “caminar encima “de las pequeñeces humanas, fruto de las debilidades e ignorancia de otros, y estar siempre comprendiendo y perdonando, sin detenerme a hacer caso de la “basura” que produce un corazón ciego. Y perdonar implica olvidar.

En fin, comprender que Dios es más grande que todo lo malo que pueda existir, que al final desaparece, y queda solamente Él. Todo pasará menos Dios, que es nuestro Padre y Señor, Jesucristo nuestro Salvador y el Espíritu Santo, dador de vida, tres personas y un solo Dios, con quien somos invencibles. Amén.

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Viernes 14 de agosto de 2026