¿Cómo concebir la educación?
La educación se ha de concebir como una parte formal de una sociedad que es en sí misma un proceso educativo, o se ha de concebir como un proceso de desarrollo de unas reservas salvadoras, o se ha de concebir como una serie de aptitudes profesionales. Analicemos primero la última. Si la educación consiste en enseñar a la gente a leer, escribir, sumar y restar, etc., hasta el extremo de construir un cohete del espacio o volar uno, y nada más, entonces la única cuestión importante es saber la eficacia con que se pueden transmitir esta instrucción. En realidad esto supone una sociedad completamente predeterminada, excepto para los progresos técnicos de una categoría estrecha. Cualquier otro pensamiento que sea más especulativo carece de importancia.
Pero si admitimos otros fines, el sistema educativo se amplía inevitablemente. En cuanto decimos: este libro no solo se debería leer, sino entender y disfrutar; esta obra de Mozart es digna de ejecutarse; estos niños deberían entender la historia de su país, la educación tiene una función más amplia. Incluso para actuar sobre la sociedad técnicamente tiene que haber, en último término, una función especulativa de la educación que se preocupe de los argumentos referentes a sus fines.
Pero, ¿es que la educación va a tener unos fines limitados que se opongan o desvíen de los del resto de la sociedad? ¿Es que los hombres educados van a constituir un grupo que salve a la sociedad con sus esfuerzos contra la gran presión de los demás (como querían algunos economistas)? ¿Es que la educación va a constituir una especie de súper ego que reprima las fuerzas del mercantilismo, el militarismo o la criminalidad que atraen a cada uno en diversos grados? ¿O ha de ser la educación parte de una sociedad educativa en la que los fines de la sociedad y los fines del sistema educativo coincidan en general?
Es esta una cuestión filosófica básica: es (como nos lo recordaría el doctor Talmon), Rousseau contra el pragmatismo. Pero nosotros lo planteamos no por su importancia fundamental (aunque esta es la cuestión básica sobre la que tenemos que estar de acuerdo), sino porque la elección que se haga tiene importante consecuencias económicas. Pues si la educación se halla (en cierto grado al menos), en oposición a la sociedad, entonces será más costosa en esfuerzos y en tiempo, y tendrá menos éxito que el que tendría si marchara de acuerdo con ella.
Evidentemente, una sociedad “educativa” implica unas escuelas abiertas a la comunidad en las cuales el papel de los maestros es complementado por otras muchas cosas en la vida; mientras que una sociedad en la que la educación salva tan solo a un remanente implica unas escuelas al margen de la sociedad.
