¡Cómo incendiaron El Chorrillo!
Eran las once y media de la noche, y de repente escucho cerca de la azotea del edificio Renta 2, de la Avenida A, y calle 22 Oeste, el fuerte rugido ensordecedor del motor de un poderoso avión, y enseguida sentí un atronador ruido causado por la mortífera bomba dejada caer a un costado del Cuartel Central de la Policía Nacional, objetivo de los invasores, por lo que la vibración de las paredes del edificio y el sonido aterrador, me hicieron saltar, ¡asustado!
El ruido del potente avión se disipó y lentamente me acerqué con mucha cautela a la ventana que me permitió divisar la aeronave militar alejarse. Logré ver todo lo que sucedía desde la altura de la amplia azotea, y pude apreciar vuelos por toda el área de El Chorrillo de varios helicópteros, y múltiples y poderosos tanques bien artillados que disparaban constantemente a todo lo que se movía en las calles, balcones y a cualquier vehículo que osara transitar.
Bajé a informar a los asustados vecinos, todo lo que estaba sucediendo, tomé un poco de agua y volví a subir a mi puesto de observación improvisado, el cual, gracias a que la mayoría de las casas del populoso barrio de El Chorrillo, eran de planta baja y solo un piso de alto, me permitía distinguir una extensa área afectada.
Casi a las dos de la mañana por la radio se estaba informando desordenadamente lo que pudieron apreciar en medio de los tiroteos y persecución los comunicadores. De pronto escuché nítidamente, a todo volumen, unas instrucciones que se impartían desde varias unidades móviles de sonido? Desde mi puesto de observación pude escuchar en español, recorriendo las avenidas y calles, la orden a toda persona ubicada en esa área que saliera a las calles 25, 26 y 27 oeste, desde la Avenida de Los Poetas, y se colocaran las manos en la nuca. Que caminando por el centro de la calle, se dirigieran hacia la Avenida A; al llegar allí doblaran hacia la entrada de Balboa, y que se les guiaría hasta un centro en el que serían atendidos en sus necesidades.
Las columnas de habitantes se desplazaban lentamente, siguiendo las instrucciones, pero fácilmente era visible que en los balcones y escaleras de las casas, se quedaban miles de vecinos, la mayoría viejos y enfermos que se rehusaban a seguir las órdenes porque temían perder lo poco que poseían, y por desconfianza del trato que podrían recibir de parte de los invasores. Se acercan las cuatro de la madrugada. Todo estaba totalmente dominado por los soldados invasores? ¿pero qué es lo que veo? Perfectamente nítido sale del aeropuerto de Albrook, ubicado detrás del Cerro Ancón, un helicóptero mucho más chico que los que habían estado ametrallando a la población en las calles.
La pequeña nave aérea se dirige lentamente hacia el área de Amador, y girando hacia El Chorrillo, se detiene en lo alto. Inclina su fuselaje, y dispara sin ruido, una delgada estela de luz color lila, que por el ángulo que lleva se dirige hacia la hilera de frágiles casas ubicadas en la orilla de la Avenida de Los Poetas, y la calle 26 Oeste.
Al impactar en tierra se produce un pavoroso ruido acompañado de impresionantes llamas de múltiples colores que se expanden rápidamente por todo el sector, por cuyas construcciones de maderas viejas, se propaga fácilmente. Noto que la pequeña nave, de poderosa capacidad de destrucción incendiaria, regresa por la misma vía por la que apareció.
No salgo de mi asombro, cuando percibo otra nave similar, ¿o sería la misma?, que efectúa exactamente una réplica de la maniobra anterior, se ubica en posición y nuevamente veo, en esta ocasión, caer, produciendo el mismo fatal resultado de la expansión de sus llamas incendiarias a todo el vecindario, cerca de las casas en la calle Bocas del Toro, y matando masivamente a sus pobladores que eligieron no abandonar el lugar. Empiezo a correr, y llego a gritarle a los vecinos: ¡Los gringos están incendiando El Chorrillo! ¿Por qué hacen eso? Allí solo hay gente inofensiva, asustada, que no le puede hacer daño a nadie? y regreso corriendo a la azotea nuevamente, llegando en el momento en que un helicóptero similar a los anteriores se desplaza, y logra sin ninguna dificultad repetir la operación incendiaria, dirigiendo el tercer disparo hacia las casas cercanas a la Avenida A. El incendio destruye cientos de casas de alquiler, miles de habitantes mueren, cuyos cuerpos calcinados eran posteriormente depositados en fosas comunes.
Es un axioma que la realidad del objetivo de la invasión por el Comando Sur de los Estados Unidos de Norteamérica, era poner a Panamá de rodillas, ¡y nunca lo lograron!
Escritor