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¿Cómo perseverar durante una crisis?


Rómulo Emiliani, cmf. (opinion@epasa.com) / Monseñor.

En cualquier clase de crisis, humana y espiritual, se debe actuar como hace el piloto de una nave en el mar o en el aire: no perder el rumbo, el norte del viaje, la meta final o destino. Tener en la mente y en el corazón la convicción de “llegar a puerto”. Actuar con toda la serenidad posible, buscar el consejo oportuno, usar toda la destreza acumulada por la experiencia, no magnificar dramáticamente el problema, esperar siempre lo mejor, aunque estar preparado para lo peor, y tener una fe profunda en el Señor, quien nunca falla.

En el manejo de una crisis hay que tener varias alternativas preparadas, siempre tratando de salvar lo esencial, sacrificando lo accesorio, lo que en verdad no es necesario. En un barco, es cuestión de echar al mar el lastre, lo que no se ocupa realmente para salvarse y velar para llegar al puerto con todas las personas vivas. Repito, hay que salvar lo realmente importante. ¿Y qué es lo más importante? La presencia de Dios en uno, los valores cristianos fundamentales, el respeto por la vida, la dignidad humana, el amor a los demás y a uno mismo. En el peor de los casos, si el barco se hunde, ya sea en botes inflados, flotando en tablas o nadando, hay que estar pendiente de la vida de uno y de la de los demás e intentar llegar a la orilla. No volver la mirada atrás para ir a rescatar un objeto apreciado o un perrito, por ejemplo, ya que hay que sacrificar todo para salvar la vida, para llegar a tierra. No se puede arriesgar la vida por nada que sea inferior a ella. Veamos punto por punto:

1. Entonces debemos tener bien clara la meta principal de nuestra vida y las otras que son complementarias, es decir, que ayudan a conseguir la primera. Cuando llega la crisis, sea la que sea, debo preguntarme: ¿cuál es la principal razón por la que vivo? ¿Cómo hacer para que esta meta o ideal se mantenga siempre? ¿Qué habría que sacrificar para poder salvar lo esencial? Todo está en función de eso. Lo que hay que dejar, se deja. Esto se aplica, por ejemplo, a la santidad, salvar el matrimonio, educar a los hijos, sacar la carrera deseada, recuperar la salud perdida, dejar un vicio terrible, en fin, cualquier meta noble que valga la pena.

2. Es tan importante la serenidad en los momentos difíciles. Cuántos errores se han cometido por perder el control emocional en momentos delicados. Palabras groseras, actitudes violentas, actos contrarios al fin propuesto, han echado al traste los mejores ideales. Para eso hay que ser dueño de uno mismo. Cómo ayuda la meditación y oración diaria, igual que la respiración profunda y el recitar jaculatorias o frases pequeñas llenas de fe. Alivia también el estrés el tener alguna distracción sana y el deporte.

3. Un consejero confiable es necesario, sobre todo cuando se está pasando por un momento difícil. Alguien en quien confiar sus preocupaciones y que le dé aliento, iluminación y sea compañía serena para usted.

4. La experiencia acumulada y todas sus destrezas le serán útiles en los momentos de prueba. Recordar viejos fracasos para no volver a cometerlos; hacer memoria de las soluciones buenas en casos pasados y actuar con lucidez le ayudará. Confiar en usted mismo, actuar con prudencia, pero con decisión, estar dispuesto a corregir el camino si vuelve a equivocarse, dar los pasos uno por uno, manteniendo la armonía entre mente y corazón, todo eso es necesario para enfrentarse a la crisis.

5. Analizar el problema por partes e ir solucionándolo de esa manera. No magnificar la situación dejando que la imaginación vuele pensando en catástrofes incontrolables. Todo tiene solución y es cuestión de ir dividiendo el asunto en compartimientos y enfocando la atención en cada aspecto y desde ahí ir cambiando las cosas. Ahora bien, hay que ser consciente y saber qué se puede cambiar y qué tenemos que aceptar como irremediable. Saber asimilar la pérdida y seguir adelante es cosa de sabios.

6. Confiar en el Señor. “Si tuvieran fe como un grano de mostaza…” (Mt 17, 20), cualquier problema sería enfrentado con valentía, entusiasmo, paz y alguna solución se encontraría. Porque Dios da la fortaleza, el ánimo, la luz y la esperanza. Para eso hay que orar con insistencia, esperar la iluminación divina y seguir el camino indicado, tener la certeza de que Dios nunca nos abandonará, porque con Dios todo lo podemos, ya que con Él somos invencibles.

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Viernes 14 de agosto de 2026