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Cómo sacarse un terrible dolor del alma

Por: Redacción 21/02/2015

Monseñor Emiliani. Mi vida es un desastre desde que hace 8 años cometí un aborto. Tenía 18 años y recién empezaba la universidad. Yo estaba muy enamorada del muchacho con quien salía. Él me llevaba cuatro años y estaba acabando su universidad, y sus papás tienen mucho dinero. Yo me sentía enamorada de él. Yo sabía que él consumía drogas, pero daba la impresión de que con sus amigos todo lo tomaban como un juego pasajero. Era una persona supuestamente feliz, atenta, bromista e inteligente. Algunas veces caía en depresión y le echaba la culpa de todo a su madre. Quedé embarazada y él cambió totalmente. Eran gritos, rabietas y me obligó a practicar el aborto. Él mismo me llevó a una clínica y el médico, un hombre sin escrúpulos, me dijo que era lo mejor, que él lo hacía a cada rato y que ya es práctica en muchos países. Me dijo además que Dios no existe, que la moral se la han inventado los hombres y que cada uno tiene que hacer lo que más le convenga en la vida. Este médico conoce al papá del que era mi novio y son socios en otros negocios. En fin, caí en la trampa. Al poco tiempo rompí con mi novio al ver la clase de hombre que era. Sé que se casó, se divorció y que está mucho más metido en las drogas ahora. Dos años después estuve en unas conferencias organizadas por un grupo religioso en el que participa mi madre, y la sorpresa mía fue que una de las charlas fue sobre el aborto. Nos dieron una película en la que se filma cómo es atacado el feto y él rehúye y se esconde en un rincón del vientre de su madre y un aparato lo va poco a poco despedazando y luego es extraído. El autor del video es un médico abortista arrepentido que se ha convertido en un promotor de la vida. Pues, aunque ya para ese entonces yo estaba arrepentida de todo, a partir de la charla no “tengo vida”. Lloro muchas noches, no puedo ver a un niño recién nacido porque me entristezco, me recrimino constantemente por lo que pasó y me llamo “asesina”. Solamente un sacerdote y una amiga mía saben eso, pero realmente no sé cómo sacarme este dolor del alma. Sigo soltera y aunque he tenido pretendientes, no me quiero casar.

ESE NIÑO “NO NACIDO” ESTÁ CON DIOS Y DESDE EL CIELO ESTÁ INTERCEDIENDO POR USTED. ES COMO SU “ANGELITO DE LA GUARDIA” Y PIDE PARA QUE USTED SEA UNA PERSONA ÍNTEGRA, QUE HAGA SIEMPRE EL BIEN DE ACUERDO A SUS POSIBILIDADES.

Estimada joven. El aborto es un crimen cometido contra un ser totalmente inocente y que ya es persona desde el momento en que el óvulo es fecundado. Así comenzamos nosotros nuestra vida en el vientre de nuestra madre. Usted siente un gran arrepentimiento, pero padece ahora de un complejo de culpa y está continuamente martirizándose. Es usted una joven que tiene principios morales y que cree en Dios. Él es el autor de la Vida y solamente Dios puede quitarla así como la creó. Su dolor es grande, ya que esa criatura era fruto de su vientre y ya no está. Pero yo quiero decirle que ese niño “no nacido” está con Dios y desde el cielo está intercediendo por usted. Es como su “angelito de la guarda” y pide para que usted sea una persona íntegra, que haga siempre el bien de acuerdo a sus posibilidades. Yo le quiero decir esto: la reconciliación con Dios es importante. Estoy más que seguro de que ya usted lo ha hecho. Pero tiene que reconciliarse con usted misma. Comprenda su situación de desesperación en aquel momento y la clase de persona que la manipuló. Perdónese y perdone también al que la incitó a abortar y al cruel médico que practicó el aborto. Estoy seguro de que el dinero que él ha ganado con esos crímenes está manchado con la sangre de los mártires modernos, los niños abortados y que su conciencia no lo dejará en paz, aunque diga no creer en Dios. Si él no se arrepiente, no verá la gloria de Dios, aunque se confiese ateo. Mire, deje ya de culparse y si tiene vocación matrimonial, pues cuando encuentre el joven adecuado, cásese. Y estoy más que seguro de que los niños que vengan serán amados por usted inmensamente. También puede volcarse en amor y atención a niños desamparados que están en instituciones que los albergan y así suavizar su dolor ayudando a otros. Lo importante es su futuro. Fue un error, un gran fallo, pero ya ha quedado atrás. No puede cambiar aquello, pero puede vivir el resto de su vida amando profundamente. Dios la bendiga. Recuerde que nuestro Señor puede sanar su alma. Siga orando y acérquese más a la Iglesia y recuerde que con Dios puede vencer todo, porque con Él somos invencibles.

 

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Martes 4 de agosto de 2026

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