¿Cómo se ha profanado “el amor”?
¿Ha visto usted cómo se ha degradado la palabra amor, que es uno de los nombres de Dios? Desde las más absurdas y grotescas letras de canciones, donde “hacer el amor” significa revolcarse como cerdos en el lodo de la promiscuidad, hasta decir “te amo” y buscar simplemente aprovecharse de una persona, engañándola, usándola como un trasto viejo para después tirarla como un objeto “desechable”. ¡Cómo se ha degenerado el término amor!
El político que dice que “ama a su pueblo” y promete cosas que no cumple, provocando frustraciones por tantos engaños y robando fondos que pertenecen a los pobres; el líder religioso que manifiesta que ama la causa del Reino y cobra por cada servicio; el juez que “ama” el derecho y acepta sobornos afectando a otros; el padre que “ama” a sus hijos y no los atiende; esta palabra amor ha sido y es profanada, reducida a mentira. Esto ofende a Dios.
Dios es amor, entrega total, sin reservas, en una comunicación y comunión plena entre las tres divinas personas. Dios es amor, manifestado en la inmolación radical hasta derramar la última gota de sangre y de agua, de Jesucristo en la cruz. Dios es amor incondicional para con nosotros pecadores empedernidos, “hijos pródigos” inconscientes buscados por el “Buen Pastor”.
No es lo mismo decir “te quiero”, “te aprecio”, “te respeto” a decir “te amo”. El amor engloba lo anterior pero lo trasciende. Decir “te amo” es manifestar que me “entrego por ti”, “soy capaz de dar mi vida por ti”, “te acepto como eres aunque quiero que seas mejor”, “me preocupo por ti, y porque te amo te corrijo”, “estoy para servirte”, “me olvido de mí para que tú crezcas”, “soy totalmente sincero contigo”. Esto aplíquelo a las tareas de políticos, religiosos, padres de familia, jueces y fiscales, etc. y seríamos mucho mejores.
El que ama es fiel, como Dios lo es. El que ama cumple la palabra dada, sabiendo que no quiere hacer sufrir a la persona que ha puesto su confianza en él. El que ama no caerá en la traición. La pasión de Jesús empezó con Judas buscándolo en el monte de los Olivos. El que ama nunca cosifica o instrumentaliza al ser que dice amar; nunca lo usa para otro fin que satisfaga su egoísmo. El que ama ve al otro “como otro yo” que merece ser amado, respetado, valorado. El que no ama, primero no se quiere a sí mismo, se rechaza, se odia y por lo tanto, así hará con los demás.
El que ama está conectado con la fuente del amor que es Dios mismo. El amor de Dios es pleno, infinitamente generoso y no busca nada para sí. Por eso el que ama es el más feliz de todos porque vive en Dios y por eso con Él es invencible.
