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Cómo utilizar mejor el tiempo


Todos los años, la abuela colgaba un calendario en la cocina, al que había que desprenderle diariamente la hoja del día transcurrido y leer un mensaje atrás. Los nietos se peleaban ese derecho. El calendario iba adelgazándose conforme pasaba el año y ellos, al igual que la abuela, sentían que así ocurría con sus vidas.

Esta anécdota debe hacernos reflexionar por razones lógicas. En Latinoamérica el promedio de vida va de acuerdo con el nivel socioeconómico. Para los mejores el promedio es de 80 años, 29,200 días de vida posible. Según esto, el día que nacemos, se nos deja junto a la cuna una chequera con 29,200 cheques. Diariamente tengo que desprender uno. Del cheque de hoy me pregunto ¿qué hice con el, lo invertí o lo malgasté? ¿Perdí mi tiempo inútilmente o en verdad lo aproveché? Concluí en que el tiempo es el recurso más valioso del ser humano y no es renovable. No podemos devolver el tiempo perdido; no lo podemos recuperar y además nadie nos puede garantizar que mañana vayamos a existir. Aprovechemos, pues, el tiempo viviendo intensamente el presente.

A diferencia del calendario de la abuela, con sus mensajes al reverso de cada hoja para ser utilizados ese día, debemos redactar al final de cada día qué hice con él. ¿Logré superarme? ¿Amé? ¿Disfruté? ¿Evolucioné? ¿Podré decir hoy, soy mejor que ayer o gasté el día sin sentido? El tiempo permanece, nosotros pasamos.

Hoy debemos sentir, no como el último día de nuestra vida, sino como el primer día del resto de la misma. Vivamos intensamente cada segundo, cada minuto, cada hora. Demos lo mejor a la vida para que la vida nos entregue también lo mejor de ella y nos sintamos retribuidos con un placer infinito.

¿Qué sucede con los cheques de aquellos que nos abandonan antes de cumplir los que les dejaron? Solo ellos sabrán qué hicieron con los gastados y se llevan ese secreto al más allá. ¿Los que quedan? Dios los retribuirá en la eternidad para que los utilicen en igual manera. Todas las noches, antes de ir a dormir, estamos obligados a analizar las actuaciones del día, cuánto aprendimos, cuánto hicimos por nosotros y por los demás. Vivamos como la abuela, con un mensaje diario, no con un vacío cuando amanece y tratemos de cumplir ese mensaje porque el tiempo que se va no vuelve, igual que las oportunidades que, cuando no las aprovechas tu, otro lo hace en tu reemplazo.