Cómo vencer angustias y temores
La angustia se define como una intranquilidad o ansiedad ante un peligro o una adversidad, acompañada de un sufrimiento intenso. La angustia es una reacción profunda en el ser con manifestaciones físicas a situaciones o causas que realmente no tienen por qué provocar esa reacción.
El ser humano, en realidad, es muy flexible y tiene una gran capacidad —incluso mayor de lo que él cree— para soportar problemas. Puede ser golpeado de muchas maneras por la vida y permanecer en pie ante cualquier circunstancia si tiene razones profundas por las que vivir y morir. Si una persona encuentra razones concretas por qué vivir y luchar, puede experimentar, soportar y aguantar toda clase de sufrimientos y dolores, más allá quizás de ciertos parámetros y permanecer firme para superar las situaciones en las que se encuentra.
Cuando el ser humano está desorientado, no tiene claro por qué existe o padece; no tiene metas definidas ni encuentra sentido a su vida y sufre sin saber por qué. En ese estado, lo atacan fácilmente miedos irracionales y toda su energía vital, su fuerza interna profunda —que en sí es positiva y buena, porque viene de Dios— se diluye y se diversifica y la persona no puede gobernar su propio ser. Si una persona es incapaz de dominarse, su cuerpo es invadido por energía negativa, descontrolada y desequilibrada que ataca sus órganos vitales y los destruye. Sus fuerzas internas descontroladas se convierten en negativas y pueden aniquilarlo poco a poco. Sobrevienen, entonces, reacciones somáticas que se manifiestan en problemas cardiacos, estomacales, intestinales, nerviosos y otros.
Cuando la persona no tiene razones profundas por qué vivir ni causas por las que sufrir y se encuentra alejado de Dios, su capacidad de resistir se limita muchísimo más, puede quebrarse fácilmente y de allí viene la angustia.
La angustia proviene, pues, de una agitación interior. Esa es la razón por la que las personas se enferman tanto, padecen mucho más de lo que tendrían que padecer físicamente y ciertamente se desgastan por el mal uso de la energía positiva interna que Dios les ha dado.
Todo lo positivo y bueno que tiene el ser humano, que es creación de Dios, puede destruir su mente y su cuerpo si no se controla. Nadie puede ser dueño de sí mismo si no se conoce profundamente ni sabe para qué está en este mundo. Como respuesta interna a esta situación de estar alienado y dormido, aparece una angustia vital y existencial, una sacudida profunda del alma, del ser interior, que desequilibra la mente y el cuerpo del individuo. Esa fuerza interna, que no ha sido bien encauzada ni gobernada, sale anárquicamente de mil maneras, como un caballo desbocado que golpea el cuerpo y el alma del ser humano, destruyéndolo física y emocionalmente. La persona se empieza a alterar y angustiar y no logra entender qué le está pasando. Lo que sucede es que su energía vital está padeciendo anarquía profunda.
Cada ser humano fue hecho increíblemente bien por Dios, con un caudal grande e impresionante de energía y capacidad para trabajar 10, 12 o más horas al día. Si usted se encuentra apasionado y entusiasmado con su labor, puede ocuparse por mucho más tiempo y al final se sentirá muy satisfecho y tranquilo. En cambio, la falta de motivación, entusiasmo y apasionamiento causará que trabaje muy por debajo de su capacidad y se sienta agotado. Usted tomará su carrera o profesión, simplemente, como un medio para subsistir y no para desarrollarse plena e integralmente. El desperdicio de la energía maravillosa que Dios le ha dado provoca neurosis, conflictos emocionales, problemas físicos, angustia y cansancio.
No viva su vida angustiado porque vivirá infeliz. Medite, piense y razone inteligentemente para descubrir lo que está detrás de sus temores. Luche contra esos miedos para eliminar muchas de sus angustias.
Escuche la palabra de Dios que le invita a no preocuparse por nada y a no tener miedo. Una vez estaba Jesús con sus discípulos en una barca y sobrevino una terrible tempestad. Llovía y llovía. Jesús estaba como dormido y los discípulos estaban muy asustados. Gritaron a Jesús que despertara porque tenían miedo de ahogarse. Dijo Jesús: “Hombres de poca fe” “¿Por qué tienen tanto miedo?” Luego se levantó y dijo al mar: “¡cállate!”, y las olas enmudecieron y vino la calma. Sepa y convénzase que Dios siempre está con usted, le protege y le cuida.
En la vida espiritual existe una ley: “A más fe, menos miedo”. Si Dios está con usted, ¿quién puede estar en contra? Deposite toda su fe y confianza plenamente en el Señor, porque con Él, usted es ¡Invencible!