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Comparaciones que van al caso

Por: Redacción 18/03/2017

Si examinamos temas de turismo, una cosa es tratar de implementar actividades sin brújulas ni esmero, como por ejemplo la celebración del Carnaval capitalino en la Cinta Costera, caro, sin brillo, ni mayor atractivo, estéril en incitar una fecunda peregrinación de visitantes foráneos con profundos bolsillos, sino más bien para aplaudirse recíprocamente los funcionarios a cargo de su dirección por una evidente carencia de ideas, y otra es comparar las vivencias de otras latitudes que sí le hacen bien, sí saben manejar el negocio al dedillo y lucrar la diligencia bondadosamente. La semana pasada, durante un crucero por el Caribe, tuvimos la oportunidad de visitar México, Jamaica y Haití, con ingresos per cápita por debajo de Panamá empero con mayor sagacidad, astucia y creatividad en el desempeño de actividades turísticas. Despierta nuestro asombro cómo nuestros vecinos cuidan la imagen de sus sitios turísticos al igual que las áreas de poca frecuencia foránea haciendo evidente que en Panamá sufrimos un desmedido desaseo personal y colectivo, embarrados por una miasma de basura por doquier, siendo al mismo tiempo los más pudientes y los más grandes cochinos de América Latina y el Caribe.

Para efectos comparativos, un caso en mano es el puerto de Labadee en Haití, el país más pobre de América Latina. Aunque es cierto que Labadee es una creación y concesión de la naviera Royal Caribbean, no hay ni un papelillo en la paradisiaca estancia ni oleajes de desechos como presenciamos a diario en las mugrientas playas capitalinas, lo que se convierte en una calamitosa bofetada al turismo. ¡Resulta incomprensible morar en una pocilga donde abunda tanta riqueza! Como un ejemplo de magnífica planificación y óptima explotación de recursos en la playa de Labadee, Royal Caribbean cuenta con una docena de casitas de madera, nada suntuoso, pero sí bien ubicadas en lomitas al borde de la playa, para descansar del sol durante la jornada de 7 horas de visita de cada crucero, sin aire acondicionado ni electricidad, que se ofrecen por $495. ¡Todas estaban ocupadas! ¿Cuántos hoteles capitalinos pueden jactarse de una oferta similar?

Desde Falmouth, paraje que goza el calado que exigen los puertos de cruceros, nos trasladamos a la bahía de Montego en Jamaica, cortesía de nuestro amigo George Matthews, otrora chef de la Embajada de Estados Unidos en Kingston, recorrido de aproximadamente una hora, en el que al igual que el Reino Unido, perdimos el sentido de orientación porque conducen del lado izquierdo de las carreteras, al revés que nosotros. Al atravesar vecindarios de escasos recursos pudimos apreciar un sentido de orgullo comunitario al presenciar vagas, muy escasas evidencias de basura, como si algún panameño hubiese pasado por allí recientemente y lanzado una lata o una cajeta sin conciencia, sin amor propio ni mucho menos colectivo para empañar el lienzo.

El encantador poblado de San Miguel en la isla de Cozumel del Caribe mexicano se encuentra a unos 15 minutos del puerto en taxi, y se encuentran allí desde las más finas joyas de casas internacionales hasta las tradicionales artesanías aztecas y sitios de esparcimiento para beber una refrescante margarita o helada cerveza Sol, Tecate o Corona y escuchar los estribillos de mariachis al ritmo de un envidiable servicio. Estos son algunos ejemplos de lo que hacen nuestros vecinos, que rehúso llamar competidores porque nos hace falta leguas para llegarles a los talones. La ineludible pregunta es: ¿cómo nosotros, gozando una enorme gabela histórica cultural, dotados de un Canal y de un paraíso muy por encima del de ellos, poseemos una actitud de "no me importa", una autoestima tan pobre y una indiferencia que corroe el alma?

Retornando al sur de la Florida, la capital de América Latina donde se habla un entremezclado castellano cubano, venezolano y nica, apreciamos las autopistas sin baches, simetría y letreros por doquier. Duele e indigna al corazón lo que podemos ser. Los pésimos gobernantes de Panamá son el reflejo de un pueblo sin carácter, sin norte, mediocre, carcomido por la corrupción y satisfecho con un roído y pútrido hueso. ¿Qué nos pasa?

Ya de vuelta al Istmo. Al arribar Tocumen y pretender tomar un carrito en Aduanas para transportar mis maletas ¡sorpresa! Bajo el ojo de un aparente secuaz, este me recibe con la noticia de que ahora cuesta $3 el "servicio". Al indagar quién es el beneficiado por este negocio, me indica que el sindicato de maleteros. Y después nos preguntamos por qué el turismo no despega. ¡Vamos bien, Panamá!

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