¿Competencia para el Canal de Panamá?
La publicación del Financial Times, sobre las negociaciones que adelantan Colombia y la República Popular de China, para la construcción de “un canal seco”, un ferrocarril que uniría el puerto de Buenaventura, en el Pacífico, con una nueva ciudad portuaria que se levantaría cerca de Cartagena, en el Atlántico, ha provocado reacciones de parte de la Autoridad del Canal, que minimizan su importancia.
La idea de utilizar otras rutas diferentes a la de Panamá no es nueva; existe desde que el canal sólo era un proyecto. Que tan serias y, eventualmente, perjudiciales eran las iniciativas de canales alternos, acuáticos o secos, ha sido materia para la especulación; pero nunca fueron vistas como inminentes o como competidores de importancia. Pero tampoco antes se habían dado detalles tan específicos o se habían señalado factores de tanta validez para sustentar el proyecto, como los que reseña el Financial Times.
La fuente citada es el presidente de Colombia que, contrario a su predecesor, ha optado por el desarrollo económico, en lugar de la seguridad y para cumplir su propósito, apuesta por incrementar las relaciones económicas y comerciales con la China Popular. La relación comercial entre China Popular y Colombia ha crecido exponencialmente durante los 30 últimos años. En 1980 totalizaba 80 millones y ahora monta a 5,000 millones anuales, casi tres veces los ingresos brutos del Canal de Panamá.
El “canal seco” colombiano, que es más que un proyecto, según las palabras del presidente Santos, parece un muy buen negocio tanto para China como para Colombia: China, la segunda economía mundial y con pronósticos de sobrepasar a la estadounidense en 10 o 15 año, utilizaría el enclave en el Atlántico como base para ensamblar y distribuir productos chinos y desde el puerto de Buenaventura (Pacífico) se exportaría hacia China carbón, del que Colombia es uno de los principales productores del mundo.
De los 300 millones de toneladas de carga comercial que anualmente pasan por el Canal de Panamá, un porcentaje muy importante son productos provenientes o destinados a China. Es presumible que si por el “canal seco colombiano” se moverían unos 40 millones anuales de carga comercial, la mayor parte de ella habrá que restarla de las estimaciones de la demanda para el proyecto de la ampliación.
Cuando se anunció la apertura, por períodos más prolongados, de la ruta del Océano Ártico, que utilizarían los grandes barcos y se hicieron vaticinios sobre sus efectos negativos sobre el Canal de Panamá, algunos voceros de la ACP los desestimaron, sin ningún análisis. Ahora, cuando “nos desayunamos” con la existencia del proyecto chino-colombiano resurgen las voces que, con excesiva ligereza, igualmente descartan que pueda ser una amenaza para el futuro del Canal de Panamá. Tal vez no lo sea o, tal vez sí. Pero lo cierto es que, después de las declaraciones del presidente colombiano, es claro que, de su parte, y de los chinos, hay la intención, firme, de competir con nuestro canal.
¿Conocía la administración del Canal este proyecto? ¿Han estudiado sus repercusiones? ¿El gobierno colombiano ha informado al panameño de sus planes? Si bien antes ninguna de las otras propuestas ha perturbado a los manejadores del Canal, en esta ocasión harían bien en no ignorarla. Y sería aconsejable, además, que, con igual seriedad que los colombianos y los chinos, ofrezcan evaluaciones menos superficiales. No hacerlo, aumentaría la especulación y también las dudas, y sería irresponsable.
