Compleja liberación
El cerebro es el intérprete que idealiza el pensamiento, eje central de nuestro proceder, fuente creativa de las acciones envidiables y es aquí donde se procesan los movimientos de destacadas esencias en la vida cotidiana. Debo culminar el patrón emocional con tentativas diligentes a coronar la historia, en pleno ofrecimiento de la familiar y atractiva corona preciada, incitado por la voz silenciosa de las horas que pasan, interesado en indagar los relatos inquietantes puntualizados por los años, guiado del respeto y la ecuanimidad admirable a donde solícitamente he de denunciar los inclementes acontecimientos que en su tiempo, coaccionaron al hombre blanco a actuar influido de las desagradables actitudes, motivados por impulsos abominables, presumiendo colaborar con la acre práctica de los hechos sistemáticos codiciosos, bajo las presiones incidentes hacia el encuentro arbitrario de hacer desaparecer la raza indígena de la faz de la tierra.
Personas que provenían de áreas lejanas llegaron a irrumpir la tranquilidad del autóctono modoso, imponiendo sus pretensiones urgentes incitadas por las incontenibles ansias de poder y riqueza que con ignorancias guardaban los aborígenes sin conocimientos de los tesoros lucrativos que significaban dichos recursos aceptables.
Estos puntos de afluencias humanas compuestos por reducidas villas ubicadas en el entorno istmeño, fueron víctimas inocentes de los cañones que vomitaban fuego, venidos de localidades distantes a imponer sus inmundos criterios en estas zonas olvidadas que no les pertenecían.
Se abalanzaron movidos de los afanes descubridores y colonizadores refrenando a voluntad al paupérrimo indígena que desconocía el interés persuasivo impulsados por los apetitos insaciables, Vasco Núñez de Balboa, Pedro Arias Dávila, Gaspar de Espinosa y Diego de Albites, daban rienda suelta a sus designios de índoles ambiciosos y lucrativos, todos cumpliendo al pie de la letra los mandatos de los jefes apostados en España. En este periodo fueron fundadas Santa María la antigua del Darién, Portobelo, Panamá, Acla y Natá, algunas de ellas por caer en desuso corrieron el triste destino de desaparecer.
En el año 1501, Rodrigo de Bastidas descubre en tierra firme el Istmo de Panamá; y el 15 de agosto de 1519, Pedro Arias Dávila funda la ciudad de Panamá, siendo la primera ciudad española en la costa sur de tierra firme, trasladada por cuestiones de seguridad en 1673, a donde se encuentra localizada hoy.
Es conveniente recordar que somos una amalgama etnológica, ya que en este periodo fueron traídos de Senegal y el Congo, grupos de personas que sirvieron en la solución de las tareas como la agricultura, hay que tener presente que se dieron famosas mezclas humanas, desapareció la legitimidad racial, y abundaron los mestizos, blancos, negros y mulatos, con lo que se autenticó la nueva fusión étnica, elementos que han sido heredados por la mayoría de los países que habitamos este continente.
Más tarde sufriendo una serie de eventos negativos, nos vimos en la extrema necesidad de separarnos del dominio español, buscando presurosos a nuestra hermana oriental, Colombia, como consecuencias inmanentes generadas de razones políticas y económicas acontecidas.
Nos separamos de España el 28 de noviembre de 1821, tras los gritos lanzados por Rufina Alfaro y Segundo Villarreal, encontrándose el gobierno del Istmo en manos del general José de Fábrega, criollo oriundo de Veraguas, quien propició su armónico consentimiento. Ya la mente del Liberador tenía promocionada la idea de separarnos de España y unirnos a la Gran Colombia. Aun los países de Europa pretendían rescatar los territorios americanos que habían alcanzado sus independencias.
Todos estos anhelos garantizados por Bolívar en su Congreso Anfictiónico de junio de 1826, intentaban unificar los territorios hermanos. En este ínterin surge la destacada figura del doctor Justo Arosemena, hombre de ilustre linaje, creador del Estado Federal de Panamá, obra prodigiosa de estatura inmensurable, propia de un cerebro consagrado por la virtud. Devino en una oscura noche el 3 de noviembre de 1903, cuando sonaron acordes las campanas y trompetas anunciando el sagrado instante, otorgándonos el derecho de ser libres, cuando todavía los rayos del sol naciente no habían rasgado la sigilosa oscuridad poniente, y el estremecedor alborozo nos sorprendió, gritando la gente por las calles, ¡hurra, loa!
Hemos arribado a donde queríamos llegar, tenemos aquí la emancipación esperada, entrando el país al consenso de las naciones libres del mundo. Los generales Tovar y Amaya fueron hechos prisioneros y devueltos a su natal Colombia, por el general Esteban Huertas, jefe de las fuerzas armadas en la naciente república. ¡Abierta al mundo, tenemos que proceder sin dilación a indagarle su sensible corazón!