Complejidades del diario vivir
Trabajar es la operación emotiva que dignifica el hombre en esencia, es por ello que siempre he afirmado que todos los jubilados somos llamados sin reservas los constructores de la República; debemos esclarecer que si no hubiésemos contribuido en su crecimiento, hoy nada tuviera que lucir el país, sera simplemente el asequible conjunto vacío. En el atardecer de mi vida, tengo que lanzar mi requisitoria, siempre inclinándome a respetar el derecho ajeno. Ese que reclama el pobre a los cuatro vientos cuando se estropean sus sentimientos y, más aún siendo los mismos que lo han obligado a tocar cielo y tierra en busca de sus pertenencias.
Hoy otra vez concurrimos a la palestra a efectuar nuestras peticiones, por una parte en obediencias al calor de la verdad exigente, el otro, nacido de las imprudentes necesidades que hacen acto de presencia en las tétricas horas de los infinitos dolores que ocasionan el no tener nada que poner sobre la mesa, presionadas por las estrechas imposibilidades intolerantes.
Los bolsillos de los desvalidos adolecen las penurias de no ser obstaculizados por el peso del dinero. A esta álgida hora perteneciente al ocaso, concurrimos a pedir lo que nos atañe, no a solicitar prebendas ni beneficios que tampoco existen, fuera de las inconsistencias variables del tiempo engañado por las horas que pasan.
Fuimos jóvenes, hoy ya caídas las fuerzas que yacen serenas en las intimidades de las desilusiones; acudimos a solicitar el pago de los décimos adeudados con los intereses producidos. La presencia de las fustigaciones achacosas y las carencias de los alimentos indispensables, convierten la existencia en un verdadero naufragio donde hay profundo fondo ausente de orillas.
Veo subir al trono de la excelencia a un elegante luchador, Héctor Ávila, cobijando el perseverante ánimo, dispuesto a emprender la lucha hasta ver consumados los esfuerzos, tendientes a mejorar el estatus de vida de sus compañeros. Hombre venido a defender el criterio infalible y consistente de su personalidad, empeñado en enderezar entuertos frente al devenir riesgoso de la inconsistente existencia. Es infame tratar al modesto con indiferencia ante el desequilibrio provocado por un factor instigador y denigrante como la horripilante hambruna que disfunciona los ordenados procesos orgánicos.
No concurro a pensar que esta causa la conviertan en el litigio de abortadas conclusiones, como las indecisas artimañas acumuladas en los molinos de vientos descifradas por la sofística comprensión, y de no cumplirse nuestras esperanzas, tendremos que asistir estoicamente a los funerales de la responsabilidad.
A veces somos quiméricos, pensando que todo lo que sube no baja, es así como forzosamente viviremos atravesando el páramo, donde no hay matrimonio capaz de oponerse al cautiverio de las ilusiones errantes.
Escritor