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Compromiso con valores cívicos permanentes

Por: Redacción 03/07/2017

Cada día presenciamos con asombro la magnitud de los problemas de la violencia, la delincuencia, el incremento del crimen y la corrupción en nuestro medio. El flagelo de la corrupción, sobre todo en algunas instituciones gubernamentales, ha tomado niveles alarmantes. Hace falta la autocrítica respecto a hechos que han alcanzado notoriedad pública, como es el caso vergonzoso en el IMA. De seguro que urge una mayor voluntad política para combatir la corrupción, aunque cayeran militantes de partidos políticos que lideran organizaciones sobre las que nuestros dirigentes sustentan su cuota de poder.

Parece propio de la naturaleza humana evadir los problemas y “echarles la culpa a otros”; esta funesta tendencia se hace particularmente evidente en el comportamiento político. Por ejemplo: ¿Cuán distinto sería hoy nuestro país si en los años comprendidos entre 1990 y 2017, los Gobiernos democráticos hubieran tomado acciones firmes destinadas a proteger las fronteras, atacar el narcotráfico y controlar debidamente el pandillaje urbano, en lugar de afirmar que todo aquello era una exageración o invento de los medios de comunicación? Hoy, en muchos lugares de Panamá (la capital, Colón y el interior), los delincuentes y narcotraficantes han remplazado a las autoridades. Ellos tienen sus propias reglas y redes de protección, y se consolidan mediante los lucrativos negocios del robo, el asalto, el crimen y la droga. Esta última, lamentablemente, está llegando a los niños de nuestras escuelas.

¿Qué país tendríamos hoy si hubiéramos reconocido a tiempo la magnitud del fenómeno de la delincuencia, en vez de culpar a los medios de comunicación de exagerar la nota sobre el particular? ¿Cuántos jóvenes de todos los estratos sociales estarían en la actualidad con una familia bien constituida y en un trabajo digno, en vez de estar formando parte de una pandilla delincuencial, muertos o en una cárcel? ¿Cuántos panameños caminarían más seguros por las calles de nuestro país si tuviéramos menores niveles de delitos?

Tendríamos menos delincuencia y corrupción hoy si el Gobierno y pueblo hubiéramos avanzado en la formulación e implementación de leyes de manos limpias que condenaran severamente a personas ubicadas en ambos lados del espectro de la delincuencia y la corrupción; quienes patrocinan el pandillaje y quienes lo ejecutan; quienes reciben coimas y quienes las pagan. No podemos continuar con medidas paliativas frente a los monstruos de la criminalidad, la violencia y la corrupción, que crecen día a día. ¡Es una realidad que existe, y basta con salir al terreno y conversar con la gente o ver los noticieros televisivos diarios para saber que todo es cierto!

Estamos convencidos de que, para combatir la delincuencia y la corrupción de manera real y efectiva, debe existir voluntad política y, sobre todo, compromiso con valores cívicos permanentes. Esto significa que todos los líderes nacionales —sean estos públicos o privados— deben rechazar y castigar todo comportamiento no ético, sin reparar en militancia política, amigos que se tengan ni padrinos políticos.

Todavía estamos a tiempo de frenar la delincuencia y la corrupción. Panamá tiene aún un gran capital de honestidad que conservar y cuidar. Por esto, debemos llamar la atención en el terreno político sobre aquellos grupos que están en proceso de apropiación del Estado. ¡Que sean la honestidad, el mérito, el talento, la disciplina y el esfuerzo lo que valoremos y privilegiemos en el servicio, tanto público como privado!

*Pedagogo, escritor, diplomático  

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Miércoles 15 de julio de 2026