¡Compromiso democrático con Panamá!
En los últimos lustros, Panamá ha vivido una transformación constante y acelerada en su sistema de partidos políticos y de su vida electoral. En el decurso de pocos años, hemos transitado de un sistema de partidos tradicionalmente muy cuestionado a un sistema pluripartidista que, aunque no ha respondido a las expectativas de la ciudadanía, se ha facilitado su funcionamiento con opciones y alternativas ideológicas y de concepción bien diferenciadas.
Simultáneamente, hemos evolucionado de una vida electoral incipiente a una etapa más avanzada (los resultados de las elecciones nacionales de 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014 constituyeron evidencias que urge mejorar). Y es menester que se diga sin ambages: en el mismo lapso, la democracia se ha proyectado como un valor medular de la vida política nacional y de una demanda sentida de muchos grupos sociales, así como instrumento esencial para el ejercicio de los derechos y la contienda por el poder.
Es un hecho, también, que en los últimos años ha emergido con gran fuerza una ciudadanía alerta, activa y demandante: movimientos, asociaciones, grupos cívicos, sindicatos obreros, organizaciones de ciudadanos labran el perfil de una sociedad compleja y creativa. Y es bueno que los partidos vigentes en Panamá comprendan que esta nueva estructura social enriquece el diálogo político, fortalece la participación ciudadana y afirma el avance democrático de nuestra nación.
Además, no hay que olvidar que los medios de comunicación integran hoy un sistema amplio y diferenciado que ha ensanchado las vías para la expresión ciudadana; que difunde la información con signos y tonos plurales; que congrega la diversa opinión ciudadana en torno a los problemas nacionales y las alternativas de solución. Justamente, por ser hoy una sociedad panameña mejor integrada y más dinámica y consciente de los derechos ciudadanos, resulta más difícil aceptar las insuficiencias prevalecientes, incompetencias en función de gobierno (como ocurre con el gobierno actual) y, más todavía, algunas graves carencias de nuestra vida democrática.
Resulta evidente, pues, que el gobierno de "El pueblo primero", de "Mi escuela primero", tiene responsabilidades esenciales para garantizar la condición hacia un efectivo desarrollo integral y para una adecuada compensación social y económica entre los sectores integrantes del país, las inercias del centralismo, la incapacidad manifiesta del Ejecutivo durante el primer año de gobierno han llegado a inhibir, tanto el desenvolvimiento del Estado, como de los municipios (aunque últimamente se advierte un deseo vehemente de descentralización municipal), concentrando competencias en supuestos "asesores", igualmente mediocres y faltos de credibilidad, limitando facultades de otros órdenes de gobierno y constriñendo iniciativas de la propia sociedad panameña.
... LA SOCIEDAD CIVIL PANAMEÑA RECLAMA CON VEHEMENCIA SU PARTICIPACIÓN EN LA "REFORMA ELECTORAL" POSIBLE, A FIN DE EVITAR EN EL FUTURO CERCANO LA TRAMA INTRINCADA DE NORMAS Y REGULACIONES QUE DESALIENTAN LA INICIATIVA SOCIAL...
En cuanto se refiere a la organización del Tribunal Electoral, a pesar de los avances logrados en la autonomía de este organismo estatal, en algunos grupos sociales y actores políticos persisten el cuestionamiento y la suspicacia en torno a la organización de las elecciones. Asimismo, existe la insatisfacción con respecto a algunas disposiciones destinadas a regular las condiciones de equidad en la competencia electoral.
Por eso, la sociedad civil panameña reclama con vehemencia su participación en la "reforma electoral" posible, a fin de evitar en el futuro cercano la trama intrincada de normas y regulaciones que desalientan la iniciativa social, propician respuestas inflexibles, complican excesivamente los procesos, encarecen la gestión gubernamental y hacen ineficiente el servicio que debe prestarse a la sociedad.
El Tribunal Electoral viene realizando una serie de actividades tendientes a lograr consenso para introducir reformas a la ley electoral vigente (se adelantan reuniones periódicas con tales propósitos). Todavía se dispone de tiempo para concretar las referidas reformas antes de las elecciones de 2019. Sería de desear que las mismas fueran debidamente aprobadas y puestas en vigor entre los años 2016 y 2017.
Lo cierto es que urge el ineludible cumplimiento de nuestro compromiso democrático. Es preciso consolidar la organización de la nación como la República representativa y democrática, conforme lo establece la Constitución Nacional.
Existe la posibilidad, empero, de que se convoque a una elección nacional para elegir una asamblea constituyente; es el deseo de muchos ciudadanos, amén de la promesa del presidente Varela, de hacer realidad la constituyente durante su gobierno.