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Compromiso social y responsabilidad de todos

Por: Redacción 13/07/2016

Cada ser humano llega a este mundo como ente sexual y sexuado y desde su nacimiento recibe de sus padres la influencia de la educación sexual a través del trato, color de sus enseres, la socialización… todo lo que va definiendo su identidad y rol sexual. La educación sexual se imparte en los países de acuerdo con sus costumbres, valores, con responsabilidad primaria de los padres, complementada por los centros educativos y otras instancias. Debe ir acorde con la etapa del desarrollo psicosexual, afectivo y emocional del niño, en forma sencilla y natural, con base en conceptos éticos, morales, espirituales, religiosos, valores, anatómicos, biológicos y fisiológicos de la sexualidad.

La manera como se informe para formar determinará el nivel de confianza que los niños y jóvenes establezcan con figuras significativas desde los primeros años, fundamental para afrontar con éxito los cambios, las inquietudes, las fantasías, los tabúes, las inseguridades y temores en torno al sexo (fisiología de la reproducción) y manifestaciones de la sexualidad propias de cada fase del desarrollo evolutivo. Solemos postergar las respuestas, evadirlas, disfrazarlas, esperando un mejor momento, "para la verdad", aumentando la curiosidad, fomentando desconfianza, empujándolos a buscar respuestas en pares, obviando que, al formularlas, están preparados para entenderlas y asimilarlas.

Se requiere de políticas públicas que capaciten y responsabilicen a los padres de esta labor, trabajando al unísono y en forma homogénea con educadores, Iglesia, instituciones de salud y otros en la inclusión de la educación sexual al currículo y adecuando las experiencias de aprendizaje a cada edad física y mental, sin violentar con gráficas innecesarias, sugestivas ni contenidos que atenten contra la moral, los valores y la estabilidad emocional de niños y jóvenes exacerbando sus impulsos sexuales naturales.

El pudor y decoro no están divorciados de la educación sexual. Muchas veces el morbo, el tabú, la malicia, lo pecaminoso, lo prohibido o lo malo lo instala el adulto como defensa ante su incapacidad para responder a interrogantes que le formulan, mientras los niños del campo obtienen respuestas en la vida animal como algo científico, bonito y natural.

Debido a la desvalorización de género, la información distorsionada de los medios de comunicación social, la tecnología y los antivalores imperantes, se requiere de una reeducación de niños y jóvenes respecto al respeto y cuidado del cuerpo, la autoestima, el autoconcepto, los embarazos prematuros, las enfermedades de transmisión sexual y el control de la natalidad de forma responsable como actividad del adulto. ¿A quién más que a los padres, escuela e instituciones de salud y homólogos corresponde esta tarea, como compromiso social y responsabilidad de todos?

Psicóloga

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Viernes 24 de julio de 2026