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Con Juan Carlos Varela no habrá cambio

Por: Redacción 26/06/2017

El autollamado “gobierno de honestidad y transparencia” del presidente Varela, luego de cumplir sus tres primeros años de gestión, puede decirse lo que ha sido y será, con poca diferencia, mientras permanezca su régimen policiaco hasta el mes de junio de 2019. Infortunadamente, para la ciudadanía, ha resultado frustrante, decepcionante y desesperanzador lo ocurrido a nuestra patria en este corto lapso. Vale recordar el largo proceso que culminó en la fundación de la República, hace precisamente 114 años (1903-2017).

Decepciona sobremanera que un gobierno elegido democráticamente (aunque solo con el 39% de votos, el más bajo); con el mayor apoyo económico y político nunca antes visto en el acontecer republicano; que prometió gobernar con el concurso de los mejores, independientemente del partido político a que pertenecieran, haya experimentado tan duro decaimiento en popularidad, por su propio abonamiento de descrédito en tan poco tiempo.

Contrario a lo que prometió durante la campaña política (todo era politiquería de “prometer y prometer”), el presidente de la República nombró en su equipo de gobierno a sus más allegados amigos y empleados de sus negocios particulares (empresa licorera).

Luego asumió el control de la Asamblea Nacional, la Contraloría General de la República (antes, máxima institución fiscalizadora de la nación), la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público y las instituciones autónomas y semiautónomas. Seguidamente, quedan “al descubierto” una serie de escándalos mayúsculos de corrupción e impunidad en algunos ministerios y entidades públicas como Migración, “crisol de razas”, coimas por la empresa Odebrecht, el IMA, el transfuguismo de diputados, etcétera, actos delictivos que son cotidianamente denunciados en los tribunales de justicia y a través de los medios de comunicación: prensa, radio, televisión y redes sociales.

Obsesionado por la ejecución de algunos “megaproyectos” multimillonarios en proceso de ejecución y otros en etapa de planificación (líneas del Metro 1, 2 y 3, Ciudad de la Salud, cuarto puente sobre el Canal, construcción de escuelas y otros), el régimen policiaco de Varela “perdió de vista el bosque por contemplar los árboles”. Como consecuencia, se incrementaron la criminalidad, robos y asaltos e inseguridad pública, y los problemas vitales de la población; lamentablemente, se desatendieron el alto costo de la vida, con tendencia al alza en los precios; la falta de agua potable, las condiciones deplorables de las calles y avenidas urbanas; el deficiente servicio de transporte público; la basura, el deterioro de las carreteras nacionales y caminos de penetración rural; los paros y huelgas de educadores, médicos y sindicatos obreros; el funesto nepotismo oficial a través del que parientes de altos funcionarios politiqueros, incultos, sin título universitario, son nombrados como viceministros, subdirectores y asesores y como representantes diplomáticos en el servicio exterior, con los resultados negativos conocidos, propio de un vergonzoso desempeño.

La conciencia colectiva, que va más allá de los individuos y que crea vínculos de sentimientos, de pensamientos y de propósitos, que constituye la esencia misma de la patria, tal es el caso de Panamá. Pero ¿se podrá mantener este estado de solidaridad colectiva que nos permita seguir considerándonos orgullosamente panameños, no obstante las muchas decepciones y desengaños de nuestra experiencia política reciente y actual? Llegamos rápidamente a la conclusión de que el “régimen policiaco” o “régimen de mando personal”, de pretender ser “dueño absoluto del Estado” es la antítesis, la negación, lo contrario del sentimiento democrático.

*Pedagogo, escritor, diplomático  

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Miércoles 15 de julio de 2026