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Con la vida por delante

Por: Redacción 17/04/2015

Gracias a los avances actuales, a los cincuenta años una persona tiene casi media vida por delante. Si miramos atrás y analizamos los últimos veinte años de nuestras vidas, llegaremos a la conclusión de que no se pueden menospreciar las enormes posibilidades de nuestros mayores.

La vida se suele dividir en etapas temporales, cada una asociada a unas características concretas. Mientras la infancia, juventud y primera madurez aparecen siempre como el esplendor de la vida, la vejez se asocia con el agotamiento, la inutilidad, la fase a la que nadie quiere llegar.

Nada más lejos de la realidad. A los sesenta años una persona se encuentra en un estado de plenitud, madurez y reflexión que le permiten disfrutar de la vida en una dimensión más serena y comprensiva. Conserva intactas sus aptitudes, excepto por problemas de salud o los trabajos que por su dureza exigen un gran esfuerzo físico.

La vejez también se asocia a la multiplicación del tiempo libre. Pero hay que diferenciar el ocio del tiempo liberado. Ocio no significa matar el tiempo, sino vivirlo. Realizar actividades por gusto que proporcionen plenitud. El ser humano necesita saberse útil, tener una función. Existen infinidad de ocupaciones que mantienen el ingenio y poseen valor social. Una de ellas es el voluntariado, que en los últimos años se ha multiplicado entre los mayores de sesenta años.

Es necesario desvestir la vejez de ese sentimiento de inutilidad. Evitar el reparo a expresarse por el miedo al rechazo de los más jóvenes. El cambio tiene que venir de la relación entre generaciones. Los mayores muchas veces se sienten inmigrantes en el tiempo, se tienen que integrar en una sociedad que cada vez cambia más rápido. Hay que realizar un esfuerzo que se manifieste en políticas de integración para nuestros mayores.

La edad no limita la capacidad de aprender, al contrario, la riqueza de filtros internos es enorme y cada vez son más los mayores que se acercan al estudio en esta etapa de sus vidas. Lo más importante es mantener un cierto nivel de actividad que alimente la autoestima, autorrealización, independencia e identidad.

Picasso decía: “Cuando alguien me dice que ya estoy demasiado viejo para hacer algo, corro inmediatamente a hacerlo”. No podemos dejarnos vencer por la vejez y las connotaciones sociales que conlleva. Los mayores no pueden caer en el sentimiento de inutilidad. Si uno se siente parte, nadie le puede limitar sus deseos de vivir y de hacer cosas por la comunidad y por sí mismo. Que cuando le pregunten: “¿Usted qué era antes?”, pueda responder: “Yo sigo siendo todavía”.

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Viernes 31 de julio de 2026

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