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Con las manos de trapo

Por: Redacción 05/10/2014

No esperemos de la sociedad civil, de la Asamblea ni de la Iglesia las respuestas para enfrentar el crimen; la ciudadanía vive un holocausto y, lamentablemente, en este mercado de indulgencias un sinnúmero de ONG lucran de esta patología.

Huérfanos como estamos de un verdadero liderazgo político, el desenfreno de los intereses ha hecho su agosto; simulamos actuar con energía, pero somos un saco de paciencia, indiferentes al daño que le hacen los seudolíderes de grupo a la sociedad panameña. Por un lado, usan a los medios para promover la inmoralidad y el hedonismo, y por el otro consienten el derrotismo de la juventud para eternizarse en sus posiciones políticas, y en este leseferismo los muchachos caminan por senderos letales.

Las personas y los organismos que muestran debilidad a la hora de trabajar por el bien común deben escuchar el clamor de la ciudadanía que se resiste al sometimiento en que la sociedad del crimen les mantiene prisionera.

Los débiles esfuerzos de los gobiernos de turno y la ayuda monetaria de las organizaciones nacionales e internacionales se pueden definir como un curanderismo social, que no da visos de una verdadera actitud de cambio en el ente criminal.

Para comenzar, es necesario reconocer en la persona tres edades: la edad mental, la edad biológica y la edad política (derecho a votar).

Se puede tener una edad mental menor o mayor que la edad biológica; cuando la edad mental es menor que la edad biológica, la siquiatría y la sicología trabajan con ella, pero al encontrarnos con el fenómeno de que la edad mental de algunos menores es mayor que su edad biológica, estamos frente a un ente con capacidad política, desubicado en el tiempo y el espacio, es decir, en un santuario patrocinado por la misma ley que persigue el crimen, pero a favor del menor infractor.

Hay que diferenciar entre la niñez que vive y sufre las injusticias sociales y que con gran hidalguía en su dolor humano esperan y reciben ayuda y apoyo de organizaciones nacionales e internacionales, que como la Unicef, trabajan para que tengan una vida digna y con ese propósito trabajamos todos, pero lo que no podemos permitir es que de víctimas se conviertan en victimarios y que la minoría de edad sea una patente de corso, ni que ante el leseferismo de la buena ley sean nuestros agresores.

La delincuencia criminal se ha incrementado en Panamá y tiene sus causas en: hogar, educación, trabajo, religión, poder, taras, pobreza, etc. Pero una cosa es la niñez con la que se puede trabajar en su calidad de niños y otra cosa son los niños que infringen la ley como adultos y que luego se ocultan en la falda de la justicia como menores de edad.

Para algunos es mejor la petición de fondos y fondos con los que se pretende crear primero la sociedad perfecta para luego atacar la criminalidad, pero dicha hazaña no se ha logrado jamás.

Bueno, lo cierto es que existe una apología del delito a favor del menor infractor, se definió cuando algunos miembros del gobierno PRD no comprendieron la visión del proyecto ley Mano Dura de la expresidenta Mireya Moscoso y lo convirtieron en Mano Amiga…; ¿amiga de qué?

Causas y efectos del síndrome:

1. El abandono generacional que sufrió el traspaso del Canal de Panamá a nuestra administración, por la Gloriosa Federación de estudiantes de Panamá.

2. Con la firma de los tratados Torrijos-Carter y segados por el festín de la soberanía, no se consultó a dónde serían ubicados aquí en Panamá, los miles de empleados del Canal que quedaban sin trabajo.

3. Los tratados Torrijos-Carter no tenían respuesta para los nuevos desempleados.

4. La clase media para abajo quedó al garete, se creó un estado de guerra interno y cada quien aprendió a vivir a su manera.

5. Ante el peso económico, la familia se desplomó; padre y madre saltaron por la ventana y con la puerta abierta, la niñez en esos cuartos comenzó a recibir nuevos maestros, ellos les enseñaron una nueva forma de vivir.

6. La complicidad maternalista de una educación leseferista convirtió las aulas en una agencia de relaciones interpersonales y de santuario de las llamadas madres niñas.

7. Una juventud hedonista que navega sobre nubes de alcaloide no tiene capacidad revolucionaria y su mayor crimen fue perder su capacidad dialéctica y su riqueza intelectual.

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Jueves 6 de agosto de 2026