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Con nombre propio

Por: Redacción 22/01/2015

El proyecto de ley para levantar la inmunidad de los diputados tiene nombre propio: Ricardo Martinelli. El evidente propósito es arrebatarle al diputado del Parlacen la inmunidad del cargo para ponerle la mano encima, luego de las querellas acumuladas contra los derechos del presidente de Cambio Democrático. Al presentar Adolfo Valderrama el proyecto de ley de nombre propio se delata el verdadero autor intelectual del ardid: el procurador Varela, como ahora se le llama al rencoroso mandatario. Así se completa, para todos los efectos de represalias, la monstruosa maquinaria de persecuciones políticas construida por el gobierno panameñista mediante el control político total de las instituciones constitucionales: Contraloría, Tribunal de Cuentas, Ministerio Público, Procuraduría de la Administración, Tribunal Electoral y Asamblea Nacional de Diputados. Cuando la Corte Suprema de Justicia se pronuncie sobre la admisión de los recursos presentados contra el expresidente de la República y líder de la oposición, se conocerá si está involucrada o no en la degradación de la administración de justicia.

Las leyes de nombre propio constituyen las señales de identidad de los regímenes autoritarios. Se usan ya sea para beneficiar a grupos económicos allegados al Gobierno; ya sea para emplearlos como grilletes de hierro contra los opositores. El Gobierno está incurso en ambos casos. Ha levantado el patíbulo para colgar uno a uno a los directivos del gobierno anterior, como, siglos atrás, el tribunal de la Inquisición aniquilaba a los acusados de herejías. Viola sin escrúpulos, premeditadamente, la Constitución, el Código Judicial, el Código Penal, el Código Procesal Penal, la declaración de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas. Los ministros y funcionarios panameñistas-perredistas vomitan odio cuando denigran a los que trabajaron en llevar la economía panameña al liderazgo de la economía latinoamericana.

Este colectivo de mediocridad y holgazanería no perdona que el gobierno de Martinelli en cinco años hiciera más obras que todos los gobiernos precedentes. La bilirrubina se les revuelve cuando ven a la gente subiendo al metro, recorriendo los nuevos tramos ahora ensangrentados de la Cinta Costera, los obreros de construcción laborando en las nuevas edificaciones, millones de turistas desembarcando en Tocumen, Río Hato, Colón, Chiriquí. Les agujerea el hígado recordar que la Asamblea, en el lapso de 2009 a 2014, aprobara leyes para castigar el femicidio, para factibilizar la transparencia de las acciones al portador de las sociedades anónimas, para suscribir los tratados internacionales de libre comercio y de intercambio de información fiscal. Los empresarios financistas del panameñismo no perdonan que se sancionara la evasión de impuestos y la autoridad abriera los ojos antes herméticamente tapiados para investigar los lavados de dinero.

Les atormenta verse obligados a las ampliaciones de nuevas rutas del metro, a proseguir la construcción de la Ciudad Hospitalaria y el nuevo Instituto Oncológico Nacional, continuar la refacción de los hospitales del interior y edificar más centros de salud, dándoles más médicos especialistas a los habitantes de los pueblos alejados. En suma, les irritan los grandes aciertos del gobierno de Martinelli que se contrastan con el fracaso del Control de Precios, el incremento peligroso de la inseguridad por el auge delictivo, los bajos índices de ingresos de turistas, la desaceleración económica, la decadencia de la Zona Libre de Colón.

La destrucción del ordenamiento jurídico se empareja con la paralización económica. No hay nuevas inversiones, hay empresas que se van del país por la anulación de licitaciones públicas, se desconocen los contratos suscritos en nombre de la nación, el desempleo se extiende por la carencia y los bloqueos de obras públicas. Hablemos sin pelos en la lengua: Martinelli trabajó a cien por hora en el desarrollo del país Este es el pecado capital de Martinelli que no pueden sancionar.

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Miércoles 5 de agosto de 2026