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"Con todo respeto, Sr. Presidente"


Con todo respeto señor Presidente, usted es el jefe temporal del Estado, mas no su propietario; y no debe propiciar el paternalismo gubernamental pues, sólo logra la permisibilidad ciudadana, que pierde la visión de las arbitrariedades de su gestión por las canonjías recibidas; su deber es promover la efectividad de los derechos e intereses del soberano es decir el pueblo, sin menoscabar derechos como el de disentir de su administración, así, como "sirve el árbol del sándalo; que perfuma el hacha que en ocasiones le hiere".

Y es el generalizado rechazo a la minería a cielo abierto, lo que debiera propiciar su reflexión, para corregir su acción inconsulta, de impulsión y sanción de leyes que aunque sostenga, "propugnan el desarrollo sea de la comunidad, de los municipios o del Estado mismo", por lo sensible del tema ambiental, la recién aprobada reforma minera requería previa a su aprobación ser convenida en diálogo, y no luego de su imposición. Pues la tendencia actual a nivel internacional es de garantizar una mayor protección ambiental, contrario a "los desastres que como en Donoso ha protagonizado desde el 2005 Petaquilla Gold", y que sabemos se darán (sin mayor predicciones) en Cerro Colorado o en cualquier yacimiento minero que exista en Panamá, aunque nos crean estúpidos y los voceros del gobierno nos reiteren que todo lo mal interpretamos.

Un jefe de Estado administra los bienes de la colectividad, ya que ésta última, no puede hacerlo por sí, no obstante, ésta sigue siendo titular y propietaria de lo que usted tutela y por tanto, es su deber (como asalariado) rendir cuentas claras de sus actos y promover una gestión pública que garantice el pleno desarrollo de todos los ciudadanos y ello implica, el impulso a la protección de la biodiversidad que equilibra nuestras vidas.Sr. Presidente, estamos a tiempo para corregir y evitar que los desaciertos cometidos repercutan en situaciones hostiles con los opositores a la reforma minera, como sucedió con la Ley 30. Y que quienes legislan, dejen de aprobar leyes que se contraponen a la voluntad de quien los eligió, pues según el art. 2 de nuestra excerta constitucional, el poder que ustedes ejercen proviene del pueblo, y ese mismo art. sostiene, la libre determinación de los poderes del estado, lo que sugiere que lo que aprueben no debe ser por directrices de cúpulas. Arguyo que sólo hasta que el pueblo salga de la estupefacción y deje de ser mediatizado por situaciones creadas adrede, exigirá tanto como quiera, medidas legales para prescindir de los servicios de quien haya elegido por votación popular, pues, "el Rey es un asalariado, y el que paga tiene el derecho de despedir al que le paga".