default

Con zanahoria y sin zanahoria


La famosa, polémica y controversial “Ley Zanahoria” es odiada por muchos empresarios y jóvenes amantes de las rumbas nocturnas.

Su creación e implementación buscaba reducir los índices de violencia en las calles. En su momento sobraron los argumentos para ejecutar una medida de esta magnitud.

Se decía que al controlar los horarios de los negocios dedicados a la diversión nocturna se reducía la posibilidad de que se cometieran más homicidios y accidentes vehiculares.

También se intentó minimizar el impacto que tendría una ley de estas características sobre los comercios que viven del turismo en las noches.

La realidad choca de frente con algunos de esos argumentos, porque en las calles los hechos violentos siguen ocurriendo y en algunas áreas hasta se han incrementado.

Los que sí sufrieron una reducción fueron los empresarios que han tenido que cerrar sus negocios. La medida ha tenido un impacto hasta en los artistas que viven de las actividades nocturnas.

Los locales que sobreviven de esta medida operan en muchas ocasiones con la mitad de su personal. Es un hecho que cambiar la cultura de los clientes no es fácil.

La alcaldesa de Panamá, Roxana Méndez, dijo ayer que se evaluarán los resultados de esta medida con las entidades de seguridad y los sectores vinculados a la misma.

Para muchos ciudadanos el problema no radica en los horarios, sino en los controles que existen en las zonas de diversión. Implementar operativos sorpresa para detectar la venta de drogas y castigar a los responsables es justo.

Porque no se endurecen las sanciones para las personas que porten armas sin permiso y se es más estricto al momento de multar a los conductores que sean detenidos conduciendo en estado de ebriedad.

Existen alternativas y también las leyes para enfrentar al crímen.