Conciencia de la dignidad nacional
Siempre hemos creído que más grave que una mentalidad imperialista en los países desarrollados es una mentalidad colonialista en los países en vías de desarrollo. Justamente, el tomar conciencia de este hecho, el recordar los imperativos de nuestra dignidad y de nuestro destino nos parece algo fundamental que la historia se encargará de destacar si tenemos constancia, sinceridad, coraje para ir adelante en el cumplimiento de nuestro deber. Países grandes o chicos, ricos o pobres, todos tenemos y ejercemos y queremos proclamar y defender nuestra absoluta soberanía, nuestra propia personalidad, nuestro propio derecho a hablar y a ser oídos, sin que por ello cerremos los ojos ante las circunstancias objetivas, cuyo análisis es indispensable para que nuestros propósitos y acciones puedan obtener satisfactorios resultados. Cuando ofrecemos amistad, los otros pueblos saben que no la ofrecemos engañosamente; y cuando reclamamos justicia, los otros pueblos saben que detrás de ese reclamo está comprometida toda nuestra vida y nuestra propia existencia nacional.
Así ocurrió cuando se realizó en nuestra capital la histórica reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, en marzo de 1973, merced a la dinámica gestión diplomática de nuestro siempre bien recordado Aquilino E. Boyd, embajador, representante permanente de Panamá ante la ONU, y al apoyo irrestricto del general Omar Torrijos. Todos los pueblos del mundo, ante el justo reclamo de Panamá, por la reversión de su Canal y el derecho pleno a su soberanía nacional, consignaron su apoyo incondicional a la causa panameña. Siete años después de aquella histórica reunión mundial en nuestra capital, el 7 de septiembre de 1977, se firmaban felizmente los Tratados Torrijos-Carter, en la sede de la OEA, en Washington, que ordenaba la transferencia del Canal a su legítimo dueño, la República de Panamá, el 31 de diciembre de 1999. Hace 17 años, el Canal de Panamá es administrado y operado por panameños con eficiencia y responsabilidad, reconocido por todos los países del mundo que transitan por la vía interoceánica.
Panamá no es patrimonio de unos pocos ni de determinados grupos; es la herencia común que nos legaron quienes por ella se entregaron a la lucha y al sacrificio. Una herencia que vale tanto en cuanto seamos capaces de utilizarla y de interpretarla solidariamente; y que se minimiza y llega a caer a veces en los peores abismos del pesimismo cuando se convierte en pugna estéril o infecunda, que no logra armonizar las diversas concepciones e intereses, sino que se enfrasca dentro de una controversia insuperable. Consideramos indispensable para Panamá de todos los tiempos, mantener vivo y actuante el conocimiento del padre de la nacionalidad panameña, Justo Arosemena, como la más alta presea de nuestra estirpe, que si por una parte es título ennoblecedor, por otra es compromiso grave y obligación de rigurosa y difícil conducta ante su ejemplo.
Más de un siglo de historia republicana nos dan penetración para entender las causas de todo lo ocurrido. Panamá fue grande por la grandeza de los fundadores de la República y de sus hijos como Eusebio Morales, Belisario Porras, Méndez Pereira y Guillermo Andreve, que supieron darle brillo al gentilicio nacional. Ejemplo de grandeza que debemos cultivar y mantener para esforzarnos en nuestra conducta como República soberana, democrática y digna. ¡Orgullosamente tenemos un Canal ampliado para todos los panameños!
*Pedagogo, escritor, diplomático.