Condenado al éxito...
Panamá, un país con tantos problemas políticos y sociales, está creciendo a un ritmo impresionante muy por encima de otros países de la región.
No es una casualidad y tampoco es mérito de un solo Gobierno. El éxito del país trasciende a los partidos políticos.
Es una mezcla de factores que influyen en esta fórmula que muchos otros países intentan imitar.
La posición geográfica de Panamá es estratégica, su centro financiero es de lujo, sus facilidades portuarias son de las mejores del mundo. Hay que sumarle a esa fórmula una plataforma de servicios de primera y un sector empresarial que no se detiene. Ahora bien, los proyectos de inversión de los distintos gobiernos también impulsan el desarrollo. Y ni hablar del Canal de Panamá y su ampliación.
Todo lo anterior pareciera una exageración si intentamos desvirtuar el éxito del país.
Con sus 3.8 millones de habitantes también sobran los problemas en la educación, la salud y la generación de empleos.
Si hay que buscarle debilidades se podría empezar por su deficiente estructura gubernamental, diseñada para los partidos políticos. La estabilidad de los funcionarios es muy relativa y depende de su afiliación política.
Imagine que en los cargos públicos se coloquen a los mejores profesionales y que las entidades del Estado se modernicen. Que las máquinas de escribir desaparezcan y sean reemplazadas por computadoras modernas. Que se deje de archivar en estantes y que la cultura de atención prevalezca sobre las groserías.
También, imagine que los líderes de los partidos políticos, en vez de acusarse e insultarse, se pusieran de acuerdo en los proyectos de Estado.
A pesar de que muchas de esas cosas no suceden, Panamá sigue creciendo porque está condenado al éxito.
