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Confieso que he vivido

Por: Redacción 09/07/2016

Confieso que he vivido. He soportado muchos inviernos sombríos a lo largo de mi vida, pero al final siempre brilló el sol. He acariciado la gloria del éxito, y el fracaso me ha golpeado tantas veces y de tantas maneras que no entiendo cómo sigo en pie aún. He cometido muchos errores sin esfuerzo alguno, casi imperdonables, pero en cambio los éxitos han requerido tanto sacrificio de mi parte, que he sido llevado al borde del desmayo para alcanzarlos.

He realizado cosas de antología y acciones para el olvido. Aun así, no puedo hacer que el tiempo regrese para perpetuar la gloria de unas y corregir la gravedad de otras. A pesar de mis imprecisiones y desaciertos, la vida me ha regalado más veranos de los que me ha quitado, y por más tiempo. A decir verdad, solo me arrebató lo necesario - las hojas secas y las ramas sin frutos - para hacerme mejor.

Hoy miro cualidades en la gente que otros no advierten; veo la flor en el capullo, el retoño en la cepa, y repudio las críticas mordaces de aquellos que "nunca" yerran.

En verdad, he vivido. Los fracasos me hicieron madurar, igual los desamores, los desánimos, las congojas, la melancolía por lo que pudo ser y no fue. Hoy soy más tolerante con los que se equivocan, porque aprendí a serlo conmigo mismo.

Hoy la vida resulta una experiencia regeneradora y para nada desgastante, pues los defectos o virtudes de otros no me condicionan.

Aprendí de mi Padre Celestial, y, como Él, hago salir mi luz sobre justos e injustos. No me deprimen los ataques ni me entusiasman los elogios. No necesito de unos ni de otros para ser quien soy: Uno a quien Dios ha drenado de sí. No tienes que regalarme un cumplido para que recibas los míos; tampoco tus críticas me harán detractarte.

He vivido como pocos. Quizá no siempre, pero he descubierto, asombrado, que me place hablar bien a espaldas de la gente; me hace sentir en dominio de mí. De lo más indomable de la naturaleza  humana: La Lengua.

Hoy procuro rodearme de las cosas que amo; digo lo que siento en el tiempo preciso, sin presunciones, sin doblez de carácter. ¡Hoy vivo la vida, y la vivo bien! Río con frecuencia, hasta perder los suspiros. La vida no se mide por los largos descansos que tomas en el camino, sino por todos esos momentos, a veces inacabables que te roban el aliento.

Hoy entiendo que todas las lágrimas de mi vida fueron necesarias, y que las noches sin dormir tuvieron mucho sentido; que las pérdidas forman parte del camino, de la agenda divina.

Gracias a Dios hoy trato de vivir la vida a plenitud, ¡mientras tenga vida! Pero si ocurre que hoy muero… ¡Confieso que he vivido! Dios te bendiga

Periodista

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