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Conflicto coreano requiere diplomacia preventiva eficaz


Roberto Montañez (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Aunque el escenario del conflicto parece lejano a nuestra realidad, no podemos ignorar la dinámica que está adquiriendo la escalada verbal y estratégica entre amenazas, acusaciones, simulacros y juegos de guerra en una región donde podría ser el último episodio de la frontera de la guerra fría. Un duelo dialéctico en el que el lenguaje belicista y el exhibicionismo militar producen miedo e inestabilidad a los 74.2 millones de habitantes que conviven en la península coreana, en medio de sobresaltos y tensiones; dos países que siguen técnicamente en guerra al haber firmado un armisticio en 1953 en lugar de un tratado de paz.

En el balance de fuerzas, el ejército norcoreano cuenta con más de un millón de soldados frente a 655,000 militares de Corea del Sur y 28,500 de su aliado Estados Unidos, presente en la península; suficientes para imaginar los efectos destructivos de una conflagración nuclear. Los arsenales de ambas partes, en particular los misiles de corto y medio alcance, tendrían consecuencias devastadoras para Corea del Sur, cuya capital, Seúl -de 23 millones de habitantes-, está a poco más de 50 kilómetros de la frontera norcoreana; incluso los misiles de largo alcance podrían llegar hasta territorio japonés, capaces de cargar ojivas nucleares.

La tensión en la península aumentó tras el ensayo nuclear de Corea del Norte el 12 de febrero. Este empobrecido país está bajo sanciones internacionales tras llevar a cabo dos pruebas nucleares, en 2006 y 2009, y el Consejo de Seguridad de la ONU está considerando medidas adicionales para poner fin al programa de armas nucleares.

Las amenazas norcoreanas de recurrir al lanzamiento de misiles se considera una peligrosa estrategia para forzar negociaciones directas con EE.UU. y Corea del Sur, con objeto de normalizar las relaciones y firmar un tratado de paz definitivo. En los últimos 25 años, la estrategia estadounidense de ejercer presión con maniobras militares esperando que el régimen del Norte capitule no solo ha resultado infructuosa, sino inconducente, porque Corea del Norte, aún con su rudimentaria tecnología nuclear, puede causar daños irreversibles en su vecino del sur. Aunque ningún país en la región parece interesado en interrumpir este periodo de estabilidad, crecimiento y prosperidad del que se beneficia casi todo el continente, incluso el tráfico marítimo por el Canal de Panamá, es necesario redoblar esfuerzos diplomáticos apelando a la sensatez de los involucrados para una salida pacífica.

A juicio del excanciller coreano Yoon Young-kwan, “Corea del Norte no ha sido tratada con una habilidad política tan clara frente al peligroso juego nuclear. Acorralar a este país no parece una medida inteligente para abordar la crisis. Es necesario estimular este cambio interno entre la población norcoreana, porque resultará más efectivo que la presión externa a la hora de influir en el comportamiento del régimen. Pero este estímulo se debe implementar de manera tal de no incitar los temores de Corea del Norte de ser destruida por medios indirectos”. Como un gesto amistoso en medio de la crisis, la presidenta surcoreana Park Geun-hye ha ofrecido ayuda humanitaria, un gesto generoso apreciado como un primer paso en la dirección correcta. Sin embargo, se necesita una estrategia integral que se centre tanto en la dimensión humana como en la dimensión de seguridad.

La amenaza de un conflicto nuclear comienza a sensibilizar a la conciencia universal sobre los daños irreversibles que tendría el mismo para el mundo y el pueblo coreano. Las circunstancias del momento reclaman prudencia, apelando al liderazgo responsable para detener esta escalada que sabemos dónde empieza pero que nadie sabe dónde terminará. Se impone activar la diplomacia preventiva para despejar la desconfianza de las partes. El diplomático coreano Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, conoce el entorno de este conflicto y con el respaldo de los países de las Seis Bandas podría desvirtuar el ambiente de guerra hacia en un clima que aproxime a las partes a un diálogo en favor de la paz.

El mundo está demasiado preocupado por los efectos de los cambios climáticos y las crisis financieras como para sumar un nuevo elemento de tensión en el escenario internacional. Las acciones intimidatorias del joven líder norcoreano y las maniobras permanentes en el sur no contribuyen a crear un ambiente favorable a un entendimiento que ponga fin a las tensiones. Después de las demostraciones de arsenales convencionales y nucleares de ambas partes que amenazan a la humanidad, no queda otro camino que el diálogo y la negociación como parte de la solución pacífica de las controversias y la proscripción al uso de la fuerza.

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Viernes 14 de agosto de 2026