Conflictos familiares
Soy un chico de catorce años y estoy aturdido, monseñor. No aguanto las continuas peleas de mi papá y de mi mamá. A cada rato se insultan. Ya me tienen desesperado. Los vecinos se enteran de sus groserías cuando gritan. Es muy difícil encontrar un día con paz, aunque algunas veces duran una semana sin problemas, pero al poco tiempo vuelven a reñir y con más ganas. Por cualquier cosa hay problemas: "que la sopa está fría, que la camisa está mal planchada, que me pides demasiada plata, que ya estoy harto de tus celos"? Eso de parte de mi papá. "¿Que de dónde vienes a estas horas? ¿Con quién chateas a cada rato? No me gusta esa secretaria que tienes"? esas son algunas de las quejas de mi mamá. Ambos tienen carácter fuerte. Aprovechan cualquier situación para enfrentarse.
Mi mamá antes trabajaba y era menos violenta, pero ahora que está en la casa está insoportable. A mí y a mis hermanitos nos trata a veces con dureza. Es cierto que al perder el empleo, ella ahora hace todas las labores domésticas en la casa. La empresa donde trabajaba quebró y tienen un lío legal por unos sueldos que le deben. Despidió a la empleada doméstica para ahorrar. Yo la veo que está todo el día haciendo cosas en la casa y es bien responsable. Pero está nerviosa y cuando papá llega un poquito tarde, sé que habrá problemas.
Mamá es muy celosa. Yo sé que ambos se quieren, pero son como una chispa que se enciende en peleas por cualquier cosa. Algunas veces me han dado ganas de irme de la casa. Las cosas que se dicen cuando están bravos son feas. Mi mamá lo amenaza y le dice que no la va a tocar más hasta que él se haga un examen de sida. Esto pone enojadísimo a mi papá. Mi papá le dice que ella es una inútil y que no hace nada bien. Que en cualquier momento se va de la casa y se busca otra mujer. Mi mamá entonces le grita y le dice que la mamá de él es culpable por protegerlo. A mí me da vergüenza y me entristece ver eso en dos personas adultas que son mi padre y mi madre.
Estimado joven: Entiendo tu dolor, pero antes de juzgar, analiza lo que está pasando. Recuerda que son tus padres. Ella, tu madre, trabajaba y ahora está reducida su acción a labores domésticas, que en sí son buenas, pero frustran un poco sus aspiraciones. Sufre además la postura machista de tu padre que le critica todas las cosas que hace en la casa y para colmo de males, es celosa. Agobia a tu papá con sus sospechas. Él, que pareciera no la está engañando, sufre la persecución mental constante de tu madre que lo altera con sus celos.
QUIERO QUE LES ESCRIBAS UNA CARTA Y LES DIGAS TODO LO QUE SIENTES COMO HIJO POR LO QUE LES PASA A ELLOS Y LES PIDAS ACUDAN CUANTO ANTES A UN CONSEJERO MATRIMONIAL O A UN SACERDOTE Y QUE BUSQUEN AL SEÑOR.
Ambos tienen carácter fuerte y, lo peor, se están faltando mucho el respeto con sus gritos e insultos. Han perdido toda medida de discusión racional y controlada con su continuo enfrentamiento haciendo que se enteren los vecinos, y lo peor, que tú y tus hermanos sufran viendo el cuadro tan lamentable de dos adultos con regresiones infantiles. En esto son dos personas muy inmaduras.
Pero joven, se comprende, aunque no se justifica, el estado emocional de ellos. Tienen heridas en su alma y miedo al futuro. Tu madre perdió el empleo y tuvieron que despedir a la empleada doméstica. Imagínate, no lo quiera Dios, que tu padre pierda el empleo. La clase media está tambaleándose y si con el sueldo de los dos, más o menos vivían al día, ahora si ambos quedaran desempleados, ¿cómo sería? La gente vive consumida en preocupaciones económicas y con mucho miedo. El contexto no es el mejor.
Quiero que les escribas una carta y les digas todo lo que sientes como hijo por lo que les pasa a ellos y les pidas acudan cuanto antes a un consejero matrimonial o a un sacerdote y que busquen al Señor. Que se perdonen y se comprendan. Que lleguen a un acuerdo en el que se comprometan a no discutir en público, a tratarse como personas y qué bueno sería un retiro matrimonial. Que acuden al Movimiento Familiar Cristiano o a otro similar y busquen ayuda. Ya son adictos a la violencia doméstica. Necesitan una terapia espiritual y emocional. No sigas nunca el mal ejemplo de ellos, sino lo bueno que hacen. Tienes que mantener una coraza espiritual para que no te afecte el conflicto de ellos y te haga colérico o depresivo y ora para que el Señor los ayude, sabiendo que con Dios tú eres invencible.