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Consejo a jóvenes


En el curso de sus vidas tomen muy en cuenta los siete pecados capitales, a saber: Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia y Pereza. Y a esos, agréguenle el Odio y la Venganza. Tan sólo una de esas cosas es lo suficientemente perjudicial para malograrle la existencia a quien quiera que las abrigue.

Lean a los sabios que han escrito par el mundo, tales como Confucio, el moralista Séneca y tantos otros, así como la biblia, y en ella, especialmente, el Eclesiastés, los Proverbios y el libro de la Sabiduría. Dicha lectura resulta tan enriquecedora que hasta los ateos se beneficiarían por ella; y traten de enaltecer a las personas con quienes conversen, pero sin caer en la zalamería y la lisonja aduladora.

Jamás den consejo, critiquen o reclamen algo a alguien en presencia de otros. Y para tener buena aceptación social, cuando alguien les hable manténganse en escucha mirándola a los ojos en prueba de atención y no la desvíen ostensiblemente para mirar la hora en sus relojes de muñeca ni empiecen a leer con detenimiento documento alguno, porque ambas cosas son ofensivas por lo despreciativas.