Consejos para gobernar
A semanas para recibir el mando oficial de la más alta magistratura de la República, el presidente electo, Juan Carlos Varela, deberá tomar en cuenta no solo los consejos y lecciones aprendidas como vicepresidente del actual gobierno específicamente, sino las que asumirá una vez instaurado en el palacio presidencial. Nos referimos a los nombramientos de parientes, socios económicos, exfuncionarios con procesos penales pendientes, continuando con los favores o deudas por pagar tanto para los donantes de su campaña que a su vez apostaron a los otros dos candidatos presidenciales y los compromisos políticos adquiridos con los partidos de su alianza y cualquier otro que sumó votos a su elección.
Con toda honestidad ciudadana, no vemos la más mínima y remota posibilidad que pueda desprenderse sobre todo de los compromisos-acuerdos políticos previamente convenidos.
Con su discurso de proclamación tratando de asemejarlo a la canonización de los santos papas, entre él y el magistrado Pinilla, no vemos solo palabras dulces con la cual los últimos gobernantes han comenzado su mandato. Vaticinamos los llamativos “flashes” de señalamientos de corrupción que quedarán en subir y bajar escaleras sin resultado alguno, manifestando que se denunció, pero por falta de pruebas el Ministerio Público no procedió a llamamiento a juicio para ningún presunto imputado.
Tratamos de ser optimistas, sin embargo, y de manera sucinta, escueta, llegamos a la conclusión de que será otro gobierno que seguirá los mismos patrones de conducta gubernamental en materia económica, educativa y social. ¿Por qué?, sencillamente porque el próximo mandatario de nuestro país es parte del sistema, pertenece a ese grupo socioeconómico el cual se manifiesta de manera casi gemela.
Nuestra percepción política es que estas elecciones obedecen una vez más a sacar de contexto al anterior gobierno para continuar con los mismos beneficios por el cual fueron excluidos en los tres últimos años, más aún, se puede asimilar a una reelección encubierta, que prontamente se descubrirá.
No seremos meros observadores, actuaremos con lupa en mano, no sea que de la noche a la madrugada una vez más nuestro pueblo sea burlado y que aquel discurso de proclamación como un sueño dorado se convierta en una pesadilla. Sepan desde ya que no lo permitiremos.
Nuestra patria no lo merece y no lo resistirá, si estamos equivocados demuéstrenlo. ¡Acción!