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Constitución y segunda vuelta electoral


En principio estoy de acuerdo con la segunda vuelta electoral. Nuestra constitución se puede definir como una “Dulcinea del Toboso”. Dulcinea era la mujer objeto del amor y pasión de Don Quijote quien la veía como una dama, toda una princesa. Lejos de las locuras del caballero de la triste figura, la realidad del propio libro de caballería, indica que “Dulcinea”, Aldonza Lorenzo, era una sierva de librea que se encontraba no en la Corte sino bajo aparejos de labranza.

Nuestra Constitución ha sido prostituida un sinnúmero de veces, sin causarle a los proponentes de los ultrajes, el menor sonrojo. Cual Dulcinea, dependiendo de la conveniencia del momento, nuestra constitución es una princesa digna de llevarla al baile, y en otras, es una labriega con vestido remendado, ahuecado y emparchado. No podemos ignorar que nació poco digna, fue una constitución concebida para subyugar al país al querer de los militares de turno, para amalgamar y legitimar el poder del mal llamado “proceso revolucionario democrático”.

Recientemente se presento a la faz del país, la comisión de notables que lideraran las propuestas de cambios a la constitución. Aplaudimos a los notables integrantes de la comisión, expertos en las áreas del derecho.

Además, todos creímos que de paso fue enmendado el error de entregarle a una sola persona el hilo y la aguja para seguir remendando el ya desgastado y desvencijado vestido.

Lo quijotesco es que cuando aun están terminando de sentarse los notables y de sonreírle a los flashes y a las cámaras, se presenta a la Asamblea Nacional un inconsulto proyecto de ley para aprobar a tambor batiente la segunda vuelta electoral.

No se comprende, ni es consistente, ni serio, por un lado establecer con propiedad una hoja de ruta para los cambios a la Constitución y por otro lado abstraer de toda esa discusión pública otra tema fundamental, al presentar en solitario a la Asamblea para su aprobación un tema eminentemente constitucional.

El constitucionalista Silvio Guerra M. ha expresado que en “la clase forense existe un deber imperativo que nos conmina a formular las propuestas de normas constitucionales más coherentes y propicias para el bien del país” y que al presentar a la comisión su propuesta del preámbulo constitucional es “para crear ese “sentimiento constitucional” que se da cuando los ciudadanos asumen como propios los principios constitucionales y los incorporan como elemento irrenunciable de la convivencia nacional”. Así debe ser, los ciudadanos deben asumir como propios los principios constitucionales y eso no se da con imposiciones.