Constituyente: enfoques contradicctorios
En el mundo de las opiniones y argumentos, grupos de juristas y politólogos son del criterio de que la viabilidad de una constituyente debe encontrar un escenario de crisis profunda y aguda que dé cuenta de un ambiente de ingobernabilidad, que expone toda una suerte de incredibilidad y ausencia de legitimidad de las instituciones que articulan el mundo de la superestructura. La conclusión a la que llegan los exponentes de esta tesis es que si no existen tales condiciones, no hay razón para convocar el poder soberano.
Existe otro argumento, más político que conceptual, escuchado de voz del inolvidable maestro constitucional, Dr. César Quintero, quien en los coloquios de pasillos de nuestra alma máter, la Facultad de Derecho, nos decía que los gobiernos tienen por manía no convocar constituyente si no están seguros de que ganarán la voluntad del poder soberano. El maestro, a renglón seguido, acotaba que los gobiernos que actúan de esa manera son mezquinos, de luces cortas y terminan abonando a la fertilidad del terreno que dé curso a una constituyente.
En lo personal, difiero de ese enfoque que relaciona la necesidad de una convocatoria de una asamblea constituyente a una crisis de ingobernabilidad en la sociedad y de sus instituciones. Si partimos de esa opinión, lo más seguro es que la constituyente en nuestro medio está muy distante de su realización.
Somos seguidores del enfoque y los abanicamos, de que el poder soberano, su convocatoria, también constituye un factor determinante para conjurar o evitar que el país, la sociedad y todo su andamiaje de legitimidad formal y social transite los caminos para una crisis de mayor calado orgánico, que pudiera terminar inaugurando situaciones de excepcionalidad en la manera fáctica de administrar el Estado.
CÉSAR QUINTERO, QUIEN EN LOS COLOQUIOS DE PASILLOS DE NUESTRA ALMA MÁTER, LA FACULTAD DE DERECHO, NOS DECÍA QUE LOS GOBIERNOS TIENEN POR MANÍA NO CONVOCAR CONSTITUYENTE SI NO ESTÁN SEGUROS DE QUE GANARÁN LA VOLUNTAD DEL PODER SOBERANO.
El gobernante estadista, si bien debe tener un sentido de lo concreto, también debe mirar con las luces largas. No todo el mundo en el ejercicio del poder se limita a, sencillamente, administrar la res pública, sino tener la capacidad para auscultar las limitaciones democráticas que enfrenta la estructura del poder y del derecho, sobre la cual descansa el país y la sociedad.
No logró dentro de este contexto, la posición del gobernante partido en el poder y el señor presidente, postergar su promesa de campaña de ir hacia nuevos correlatos constitucionales mediante una asamblea constituyente paralela. Pienso que es un error y, como suele ser en política, terminará pagando por esta factura de incumplimiento de promesa electoral.
Vamos a lo concreto del debate. ¿Existen o no condiciones para la convocatoria de una asamblea constituyente? A mi juicio, sí existen tales condiciones. Veamos: ¿Hay que moderar o atemperar nuestro modelo de presidencialismo, cuasi monárquico; es decir, presidencialista al extremo?
¿Hay que modificar todo nuestro sistema de representación política, haciéndolo más democrático?
¿Hay que cambiar o no los procedimientos para elegir los más altos dignatarios de justicia?
¿Necesita el país o no una Corte Constitucional?
¿Hay que ampliar los espacios de participación de los ciudadanos en la administración del poder?
¿Hay que descentralizar o no el sistema de administración de justicia en lo contencioso administrativo?
Como podemos observar, son apenas algunos temas, que a mi juicio deben ser objeto de revisión y caminar hacia nuevos paradigmas. Existen otros, importantes, que demandan cambios.
Muy a pesar de criterios encontrados, somos de la opinión que muchas de las patologías que enfrenta el cuerpo del Estado y de la nación están asociadas a unos correlatos constitucionales que se han hecho viejos.