Construcción y claros elementos de acumulación por desposesión
Desde la época de Georges-Eugène Haussmann y la dictadura de Luis Napoleón Bonaparte en Francia, el sistema ha utilizado la construcción y la renovación urbana como un mecanismo, fundamental para la generación y realización de ganancias, así como de campo de acción para la acumulación de capital y la simple especulación. Se trata de un dispositivo que también favorece al sistema por su capacidad de modificar estilos de vida, promover el consumismo, personificados ahora en los llamados “shopping malls”, al tiempo que procuran algún nivel de pacificación social por la vía de la generación masiva de empleos.
En Panamá este mecanismo ha estado activo, tal como puede observarse a simple vista, constituyendo uno de los motores básicos del reciente episodio de significativo crecimiento observado en la economía. Esto se refleja en un incremento del nivel de la inversión real en construcción equivalente al 101.7 % entre el 2004 y el 2009, así como en la generación en este sector de más de 40 mil nuevos empleos asalariados directos entre el 2004 y el 2010. Se trata de un proceso que, pese a todo, muestra dos importantes problemas.
El primero de estos se refiere a su sostenibilidad económica. No solo se trata de que hasta julio, último mes con estadísticas oficiales disponibles, el valor de los nuevos permisos para construcciones mostraban un decrecimiento del 13.7% con respecto al año anterior. Se trata, además, de que en las condiciones que se prevén a nivel internacional resulta difícil que el crédito destinado a la hipotecas pueda seguir creciendo a un nivel tan significativo como el 11.0% promedio anual, o que, alternativamente, se pueda contar con una demanda externa por viviendas de lujo no vinculadas a dinero contaminado. Más aún, en estas circunstancias, se puede asegurar que el endeudamiento público para la construcción de infraestructuras urbanas no prioritarias no es una salida socialmente viable y socialmente eficiente.
El segundo problema, se refiere al hecho de que el modelo constructivo desarrollado en el marco de la política neoliberal conlleva claros elementos de una acumulación por desposesión. Es así que los sectores populares son cada día más alejados del centro de la ciudad y ubicados no solo en la periferia remota, sino en lugares que generalmente resultan altamente vulnerables frente a los fenómenos naturales. También se trata de un modelo que, para favorecer los intereses de los constructores y promotores especuladores, ha colapsado la infraestructura física de importantes sectores de la ciudad, destruido el concepto de ciudad abierta, convirtiéndola en una suma de pequeñas ciudadelas aisladas y carentes de coherencia, a la vez que sistemáticamente ha venido dañado el ecosistema, afectando en muchas ocasiones a los propios moradores de las nuevas barriadas. El conjunto de la población, incluyendo sus capas medias, ha sido despojada del derecho a participar en la definición del tipo de ciudad que le resulta socialmente óptima. Por eso la lucha por recuperar el derecho a la ciudad y un modelo constructivo democrático y ambientalmente sostenible debe estar necesariamente inscrita en las banderas de los verdaderos movimientos sociales.
