Consumo de alcohol: crisis actual entre los adolescentes
Actualmente la preocupación más grande que ocupa a la sociedad panameña es la ingesta de alcohol. Esta cultura atraviesa el corazón de la célula primaria de nuestra sociedad: la familia.
De forma silenciosa e invisible, destruye a nuestros jóvenes, desde muy temprana edad, olvidando que son adolecentes y símbolo de futuro de Panamá.
Unas de las preguntas que cómo padres y madres de familia, debemos hacernos a partir de este momento es ¿qué tipo de bebidas se les brinda y toman nuestros adolecentes en las fiestas de 16 años, en los hoteles, discotecas y clubes de la ciudad de Panamá?
Es increíble que todos los esfuerzos de las familias panameñas, proveedoras de amor y valores a su prole, que invierten en educarlos en los mejores planteles educativos, para reforzar y cimentar su formación, se vean amenazados por este flagelo social que atenta contra el desarrollo intelectual, físico y psicológico de nuestros hijos e hijas.
Es importante destacar que el alcohol es una droga, tan legal como cualquiera otra, llámenla como la quieran llamar. La única diferencia está en su composición química y en sus diferentes efectos farmacológicos, pero es una droga y su adicción es una enfermedad que destruye al individuo, como persona, y el tejido social y familiar.
Debo precisar que manejar el alcoholismo y sacar adelante a un alcohólico tiene un costo social muy alto y las secuelas son irreparables, desde el punto de vista neurológico y psicológico.
El alcohol, aprobado y aceptado por la mayoría, es, también, el patrocinador del deporte, de la educación, de festividades de la vida nacional y familiar. Este factor cultural está preñado de desgracias y debe ser erradicado de los encuentros sociales y fiestas en las que participan menores de 18 años y; peor aún, menores de 15 hasta 13 años.
Los jóvenes encuentran en el alcohol, un elemento socializador y lo obtienen con facilidad en los ágapes de 15 años. ¿Quién se los brinda? Buscar culpables, y responsables es muy fácil (mayores de edad irresponsables que se prestan para apoyar esta delincuencia; algunos jóvenes que recién adquieren sus cédulas de 18 años). Lo difícil será que la sociedad, unida por el futuro de la patria, pueda convencer y comprometer a los diputados y al Órgano Ejecutivo para que propongan una ley que prohíba, condene y penalice con años de cárcel a los mayores de edad que le ofrecen alcohol a jóvenes menores de 15 años.
Más allá de la prohibición, deben generarse programas de promoción y prevención en las escuelas y colegios, para que nuestros hijos e hijas tengan un futuro mejor.
Es un lástima ver que una sociedad que avanza firme hacia la prosperidad y con aspiraciones de primer mundo, tenga una infraestructura de formación y protección tan débil para los jóvenes. Espero que esta voz de alarma llegue a personas cercanas a su entorno familiar.
Profesor de Español y Consultor Independiente.