Conté mis años y descubrí que disfruto más ahora que antes
Conforme pasa el tiempo, descubrimos que las cosas que antes nos irritaban hoy pasan a segundo plano, nuestra paciencia es mayor y el ritmo frenético con el que normalmente hacíamos las cosas empieza a tomar un ritmo menos acelerado, los tranques insoportables de hace un par de años hoy son el perfecto escenario para pensar en cómo aprovechar el tiempo y planificar lo que está pendiente por terminar, empezamos a entender que la velocidad tiende a bajarse, ya que de lo contrario el choque puede ser fatal.
El sonido del claxon ha quedado prácticamente obsoleto de nuestro modo de manejo, salvo un posible choque o accidente es utilizado, el resto del día se mantiene en silencio, no cabe duda de que el tiempo nos hace cambiar.
El poco tiempo que nos quedaba libre no lo desaprovechábamos y asistíamos a todos los eventos sociales, cocteles y reuniones "importantes" eran parte de nuestra agenda para por la noche llegar a casa abatidos por el desgaste al que sometíamos a nuestro cuerpo, el cual simplemente en el momento en que lo decidía se ponía en "modo inservible" para hacernos ver que debíamos medirnos en nuestro ritmo diario.
Hablar de estos temas hace quizá 8 años era impensable, yo era de aquellos en que la agenda estaba plagada de "eventos importantes", aunque en ocasiones no conocía a nadie por lo menos la variedad del menú era atractiva y me permitía medir la calidad de los servicios de ya sea en los salones de banquetes o en los eventos corporativos a los cuales muchas veces somos invitados simplemente porque estamos en una base de datos ya sea porque consumimos algún producto o por las benditas redes sociales.
Hace poco más de 2 meses, decidí emprender una nueva gestión en mi vida profesional incorporando productos a nuestro portafolios existentes, por razones de comercialización he comenzado a visitar a potenciales clientes y ha sido muy reconfortante el encontrarme con aquellas personas a las que conocí hace 10-12-15 años y que en algún momento de mi vida profesional impactaron de forma positiva mi andar por Panamá. Hace mucho tiempo no disfrutaba de una buena charla de actualización con aquellas personas que aún creen el "uno a uno" para compartir temas que nos nutren, nos enseñan y nos fortalecen como seres humanos.
Esta semana recibí a Rafael Pérez, un buen amigo y compañero del fútbol, nos envió un mensaje del escritor Mario de Andrade, quien es poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño titulado "El valioso tiempo de los maduros", el cual compartí con mucha gente cercana, he de decirles que la retroalimentación fue tan buena que hoy lo comparto con ustedes, especialmente para estos tiempos, en los cuales el valor de las cosas ha tomado mayor importancia que los valores y condiciones humanas, tómese su tiempo, estoy seguro de que lo disfrutará, el escrito dice así:
"Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora? Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, en las que se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones en las que desfilan egos inflados. No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa, sin muchas golosinas en el paquete? Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír, de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa antes de hora. Que no huya de sus responsabilidades, que defienda la dignidad humana. Y que desee tan solo andar del lado de la verdad y la honradez, lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gente a quien los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Sí? tengo prisa? por vivir con la intensidad que solo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan? Estoy seguro de que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás?". Autor: Mario de Andrade.