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Control de las emociones


Azucena C. Calderón. / Doctoranda.

Se piensa que cuando se da inicio una carrera se debe hacer con dedicación, desparaesadamente y sobre todo con el afán de transmitir lo mejor de sí hacia los demás; pero qué triste es cuando se convierten en rutina las actividades que se realizan, querer hacer más de lo que se puede, y que todo se convierta en una descontrolada competencia para lograr puestos mediante estudios, que se realizan con solo el deseo de ascensos que a veces no son de su agrado.

Hay situaciones en las que algunas personas en circunstancias un poco estresantes no tienen una autorregulación de sus emociones y en las que es importante tener claro cuál es la labor que deben llevar dentro y fuera de una institución y hacia quiénes son dirigidas las emociones. Esto trae como consecuencia un estrés que muchas veces es transmitido sin querer a los compañeros de trabajo, los que son también los receptores de la inestabilidad emocional de personas sin autocontrol, creando un ambiente hostil.

Cuando se crea este ambiente poco profesional se debe contar con la madurez suficiente (no tiene que ver con la edad) para darse cuenta de que se está fuera de la realidad; no existe un control del momento cuando la emoción es negativa, pero sí se debe controlar el tiempo que dura la emoción (enojo).

La capacidad de manejar los sentimientos para que sean adecuados se basa en la conciencia de uno mismo, de serenarse, de librarse de la irritabilidad, la ansiedad y la melancolía excesivas… y las consecuencias del fracaso en esta destreza emocional básica se darán cuando las personas que carecen de esta capacidad luchan contra sentimientos de aflicción. Aquellas personas que tienen la destreza emocional desarrollada pueden recuperarse con mayor rapidez de los reveses y trastornos de la vida; no se trata de reprimirlas, sino de su equilibrio, que requiere estar atentos a los estados paranos y a nuestras reacciones en sus distintas formas debido a que la captación de las emociones está relacionada con nuestra salud.

Azucena C. Calderón.

Doctoranda.

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