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Control de precios

Por: Redacción 13/05/2014

El gobierno de Cristina Fernández, viuda de Kirchner, obligó a los supermercados a congelar los precios de los alimentos, y los acusaba de ser los principales causantes de la inflación. 30 días después del congelamiento, el gobierno dio marcha atrás por la escasez de los alimentos de primera necesidad y el disparo de la inflación.

En Venezuela el problema fue y sigue siendo mayor. El régimen de Nicolás Maduro lanzó una ofensiva policial contra los comerciantes, tildándolos de conspiradores contrarrevolucionarios, y dictó las escalas de precios desde los ministerios y municipios. Ha creado una tarjeta para la compra de comida barata, eufemismo político que oficializa el racionamiento al estilo cubano.

Sin embargo, desafiando los resultados argentinos y venezolanos en materia de congelamiento de precios, el nuevo gobierno de Juan Carlos Varela se propone implantar el congelamiento de una veintena de alimentos.

Si se firmara el primer decreto emblemático de la campaña electoral, Panamá se enfrentará —primero— a la ilusión de que los precios se mantendrán por breve tiempo; segundo, a la realidad económica de las consecuencias nocivas del control de los precios.

Los productores agropecuarios atraviesan uno de los peores momentos por los deficientes resultados de las cosechas. Si se les impone un sistema de control de precios, se le echará gasolina a la hoguera porque sus problemas se agravarán por decisiones prefabricadas para ganar las elecciones con eslóganes demagógicos. Como dijo un recordado estadista, se puede engañar a algunos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

El agro requiere apoyos, no controles. Necesita un régimen de alientos financieros y tributarios para aumentar la producción, mejoras genéticas para elevar la calidad y los rendimientos por hectárea, simplificar la cadena de intermediarios, pero no eliminarlos, dado que sembrar no es lo mismo que mercadear.

Las cadenas de frío constituyen un importante factor para combatir la especulación, siempre y cuando las ojerizas políticas del panameñismo no cometan el error monumental de echarlas de lado. Desde ahora es realista advertir que el congelamiento de precios acarrea, entre otros males, el nombramiento de vigilantes burócratas para que vayan de tienda en tienda verificando si hay congelamiento o descongelamiento, acompañado de multas económicas y sanciones administrativas.

Agricultores y ganaderos no han dicho oficialmente una palabra sobre el proyecto de control de precios. ¿Qué piensan los productores de pollos? ¿Los arroceros lo aprueban, si vienen cargando desde hace tiempo un paquete de adversidades que ha reducido la producción local y ha generado la importación? ¿Fueron consultados sobre la instauración de los controles que han fracasado en los países sudamericanos, gestando escasez, inflaciones récord, abandono de los campos?

Se está levantando el patíbulo de los controles, como si se quisiera llevar a las reses al matadero. La unidad nacional debe construirse en todos los ámbitos políticos, sociales y económicos. Debe ser el resultado de consultas con los sectores de la producción para escucharlos y estudiar medidas inspiradas en la acumulación de la experiencia histórica de agricultores y ganaderos. La flexibilidad es una regla básica de la democracia.

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Viernes 7 de agosto de 2026