Control Previo
Pensemos bien. El actual gobierno ha decidido prescindir del control previo apoyado en: 1- la honestidad acerada de sus funcionarios, 2- en que aplicarlo sería dudar de la trayectoria de los elegidos para los cargos. Luego, estaríamos en el mismo punto de partida. Pensemos mal: la trampa ha sido por muchos años la regla no la excepción, centro del habitual esmero panameño en “jugar vivo”. Para bien o para mal, el control previo pareció represar acciones irregulares que se habían convertido en modus vivendi de quienes llegaban a ejercer una responsabilidad oficial. Es cierto que la tradición panameña es la de que en cualquier gobierno se puede hacer ilícitamente lo que sea con los fondos del Estado sin temor a represalias, pero no sería serio pensar que el Gobierno actual ha suspendido el control previo en varias instituciones apoyado en ese razonamiento. Preocupante sí, porque la experiencia indica que se ha convertido la trampa en regla y no en excepción. Al principio de la actual administración pareció que esa inveterada costumbre llegaría a su fin pero la medida adoptada por el gobierno de Martinelli contra el control previo, más que preocupaciones, levanta aprensiones y sospechas. Tal parece que no ha existido en la vida republicana del país un gobierno más preocupado por hacer cosas, y hacerlas rápido, que el actual. Pero la medida debe preocupar, más que a cualquiera, a los funcionarios que la ejerzan. Baste recordar las medidas aplicadas contra funcionarios de la pasada administración al principio de la presente. En guerra avisada…si mueren soldados, y bastante.
