Convergencia entre salud pública, la salud animal y el ambiente
Los nuevos desafíos que enfrenta la salud mundial, con el resurgimiento de enfermedades infecciosas y la aparición de otras nuevas, exigen la adopción de un nuevo paradigma para poder combatirlas. Con este mensaje se dio apertura al II Simposio de Inocuidad, organizado por el Colegio Panameño de Ciencias y Tecnología de Alimentos, la Universidad Tecnológica de Panamá y la Universidad de Panamá, con apoyo de diversas instituciones, del 29 al 30 de julio pasado.
Es importante tomar conciencia de los cambios que están ocurriendo en el mundo, como el crecimiento de la población mundial y la urbanización, la alteración de factores ambientales, el crecimiento del comercio, la movilización de personas, los tipos de producción pecuaria, entre otros, que contribuyen a que converjan la salud humana y animal.
La salud individual está determinada tanto por las personas y los animales del entorno como por el ambiente en donde vivimos. Por lo tanto, una enfermedad no es otra cosa que el resultado de una convergencia de diversos factores relacionados con las variables epidemiológicas de tiempo, espacio y población, pero también con las de carácter económico, social y cultural.
El reconocimiento de esta convergencia conlleva a la búsqueda de cambios en las formas en que tradicionalmente se han abordado la salud pública y el control de las enfermedades. El logro de una salud integral requiere de acciones sostenidas para el mejoramiento de la calidad de la vida, tanto humana como de las especies domesticadas y de los ecosistemas de los cuales formamos parte, con amplio respeto de la identidad cultural de las comunidades, garantizando su derecho a un modo de vida y una relación con la naturaleza que forman parte de su identidad colectiva.
Se cuenta con muchos ejemplos de esta interdependencia, donde la modificación del entorno donde viven los microbios ha creado nuevas rutas para la evolución y propagación de nuevas y viejas enfermedades infecciosas. Tal es el caso de la fiebre amarilla, ocasionada por un microbio que se ha adaptado –cruzando la línea de especies– a nuevos ambientes geográficos. Otro caso similar es el de la influenza porcina, enfermedad endémica en los cerdos con una variación que puede cruzarse a los seres humanos.
En esta misma línea, la consideración que requieren las zoonosis (enfermedades asociadas a los animales) implica también generar y ofrecer alternativas viables para su atención desde una perspectiva integral, que tome en cuenta todos los factores que participan en su desencadenamiento. La tenencia de animales y sus implicaciones para la salud humana, tanto en el sector rural como en el marginal urbano, se encuentra determinada por elementos ancestrales y culturales de gran arraigo en la po blación, que deben ser tomados en cuenta. Ampliar el foco de atención permitirá, sobre bases más re ales, aspirar a alcanzar logros más significativos en cuanto al control, la prevención y la erradicación de estas enfermedades, pues se estaría actuando no solo con seguridad técnica sino también con pertinencia cultural.
Al promover la comprensión de estos aspectos y sus relaciones de interdependencia se espera generar cambios locales que logren impactar positivamente en la salud global.
Es importante asumir una mentalidad de “interdependencia”, y trabajar dentro de un contexto donde todos formamos parte de un solo mundo.