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Convivencia pacífica


La homosexualidad es una condición de personas del mismo sexo que, entre sí, se atraen e interrelacionan. No tiene límite de edad, nacionalidad, clase social, ideologías y religión. Aunque no existan cifras sustentables, no cabe duda que se trata de una realidad que añade más seguidores con el transcurrir del tiempo. Su presencia está en todos los entornos y se han impuesto, aún en contra del resto de la gente, porque se basan en que tienen el derecho de hacer lo que quieran con sus cuerpos y sentimientos.

Dejo claro que no odio a quienes practican la homosexualidad, a pesar de que lo que hacen es contrario a la Ley de Dios y a la Ley Natural (“varón y hembra los creó”). La sexualidad no es un asunto que se limita al plano sensorial y genital, sino más bien al hecho de ser parte del diseño universal de reproducirse, poblar la tierra y amar, lo que no puede ser cambiado por cirugías, vestimentas, razonamientos y normativas. Vivimos en una sociedad en la cual la frase respeto por uno mismo ha llegado a significar, “Merezco más respeto que los demás.” Consideren la proliferación de grupos de personas… que tienen agendas, rencores, exigencias y expectativas individuales basadas en sentimientos de opresión, dificultades, prejuicio y otras cosas. Por estos días, las personas se preguntan “A ver qué puede hacer tu país por ti,” haciendo exigencias increíbles y excesivas, volcados hacia sí mismos, apoyando mentiras y distorsiones siempre y cuando “sirvan a la causa.” (Dra. Laura Schlessinger).

Quienes practican la homosexualidad, por su condición de seres humanos, tienen valores, méritos, principios, ejecutorias, capacidades, virtudes y fueron creados a la imagen y semejanza de Dios, no obstante, están equivocados. Los hombres nuevos y mujeres nuevas de Panamá, con la propuesta legal que discurre en la Asamblea Nacional, seguro que buscan hacer un llamado de atención sobre el trato respetuoso que ellos merecen como seres humanos, lo cual es loable, pero pretender que se establezca un engranaje represivo por razones subjetivas, puede ser interpretado como un atentado contra la libertad de expresión de aquellos que piensan diferente. Los derechos humanos aplican de igual forma también para quienes practican la homosexualidad, entonces, ¿qué falta? La ruta a seguir es el respeto mutuo y la convivencia pacífica, y no leyes controversiales con posibles visos de inconstitucionalidad.

gadarovi@gmail.com