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Copa de problemas

Por: Redacción 13/06/2014

El mundo se convirtió en una pelota de fútbol, con el inicio del torneo de Brasil con la participación de las más importantes selecciones. En medio del vértigo de huelgas, manifestaciones callejeras y protestas de todo género, Brasil abrió sus fronteras para darles la bienvenida a millares de aficionados de todas las lenguas y países que viajaron para presenciar los partidos de la Copa del Mundo de la Fifa. Pocos pensaban que la imagen de carnaval y playas de Brasil súbitamente se transformara en un escenario distinto y melancólico debido a las reclamaciones de personas que creen que las inversiones millonarias en el torneo debieron dedicarse al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

El Brasil real asomó el rostro de las favelas sobreimponiéndolo al Brasil turístico, quedando al desnudo los traslapes del gobierno del partido de los trabajadores presidido por Dilma Rousseff. La paradoja es que el régimen se preparó para exhibir sus mejores galas.

Brasilia es ejemplo del cambio planificado para conseguir un éxito futbolístico y turístico. Construyó un estadio nacional con capacidad para 70,000 espectadores, considerado una ecoarena de características ecológicas sin antecedentes. Sus principios de sustentabilidad cuentan con la instalación de paneles fotovoltaicos con capacidad para generar energía eléctrica, ventilación e iluminación natural, además de la captación de aguas pluviales para irrigar sus jardines.

La capital cuenta con los dos mayores hospitales del Brasil, con un sistema de transporte público que integra un metro y dos corredores de buses para llevar a los turistas del aeropuerto a los hoteles, donde los esperan mano de obra que recibió clases de inglés, francés, alemán y otros idiomas.

El modelo de Brasilia ha sido el paradigma turístico de las otras ciudades sedes de los encuentros, con estadios nuevos o ampliados, modernos aeropuertos y hoteles. Algunos estadios tuvieron problemas para cumplir con las fechas de conclusión prefijadas con la supervisión de la Fifa. Sin embargo, la concentración en la arquitectura de los estadios y la infraestructura de los gobiernos locales impidió que el Gobierno federal viera con lucidez, al mismo tiempo, la problemática social derivada de fallas de vivienda, transporte, seguridad, educación, salubridad, desempleo.

En junio de 2013, apareció el fenómeno de un movimiento contra el fútbol, algo que lució tan antinatural como oponerse al carnaval. Los contestatarios demandaban que se priorizaran las inversiones sociales y se redujeran las inversiones deportivas, sin considerar que estos gastos generaron trabajo para mano de obra y que, al concluir el torneo, las obras quedan en el país, incrementando el producto interno bruto.

El Gobierno no analizó el trasfondo de la disconformidad social y se dedicó a pintar la fachada de las favelas y a operativos policiales para proteger a los turistas de robos y asaltos que infectan Río de Janeiro.

La huelga del metro estalló como una granada al Gobierno. La paralización del transporte de la ciudad más poblada de Brasil disparó las alarmas, mientras el Movimiento de Trabajadores sin Techo agravaba la sorpresiva inhospitalidad. Dos mil familias ocuparon un terreno al lado del estadio de Corinthias. La presidenta Rousseff asumió el liderazgo de las negociaciones. Sin embargo, algo está cambiando en el país de carnaval de Jorge Amado, trocando la fiesta por la protesta.

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Viernes 7 de agosto de 2026