default

Corrupción carcelaria


La corrupción en el sistema penitenciario nacional es un viejo mal que ningún Gobierno ha podido o querido extirpar definitivamente.

Las cosas que ocurren a lo interno de las cárceles ya no sorprenden a nadie. Allí se han registrado desde asesinatos con armas de fuego hasta el establecimiento, a lo interno de sus paredes, de imperios del crimen, dotados con tecnología de punta.

La corrupción imperante en los penales no es un secreto para nadie. Los hechos la confirman a diario y la opinión pública tiene una idea clara del problema.

Por ello, el 88% de los encuestados por la empresa Ipsos Public Affairs considera que existen altos niveles de corrupción en los penales del país y, en términos generales, culpan de esta situación al Gobierno.

La explicación más acertada la brindó el presidente del Colegio de Abogados, Rubén Elías Rodríguez, quien atinó al señalar que ningún Gobierno ha tenido la voluntad clara de terminar con este terrible flagelo.

Gran parte del problema está a la vista y al alcance de las autoridades; las armas, los teléfonos celulares, las computadoras, los televisores plasma y la droga no entran por arte de magia a las cárceles, son los propios custodios los que las introducen.

Es un sistema que está hecho para propiciar la corrupción y que las autoridades, por alguna razón, no han querido abolir. En el submundo de las cárceles se mueve mucho dinero, los privilegios de los que gozan algunos internos no son gratuitos.

Las investigaciones administrativas y penales que se han realizado por actos de corrupción en el sistema penitenciario han dejado más dudas que certezas.

Nuestras cárceles son verdaderas universidades del crimen, no solo porque los internos que cometieron delitos menores conviven con delincuentes más avezados, sino también porque el sistema convierte en infractores de la ley a los que están allí para custodiar y mantener el orden.

La solución al problema no está en poner parches, hay que cambiar el sistema de raíz y trabajar sobre nuevos cimientos.