Corrupción extendida
La corrupción está cada vez más extendida en el país. Las oportunidades son muchas, los controles cada vez menores y las consecuencias inexistentes. Los engorrosos escenarios donde se están dando son confusos, las fiscalizaciones no son eficientes ni independientes, por lo que todo está altamente sensible a las “influencias”.
Esta sutil forma de corrupción está generalizándose peligrosamente en las esferas nacionales y amenaza la democracia pues desestabiliza la confianza en el país, frena las inversiones y congela la cooperación internacional.
El tráfico de influencia es una de las formas más comunes de corrupción en la mayoría de los países de América Latina. Así lo reconocen expertos del Banco Mundial, la ONU y la CEPAL, entidades internacionales que analizan con rigurosidad la problemática en la región. No obstante, en Panamá los funcionarios actualmente en el poder justifican sus decisiones para concesiones otorgadas o contrataciones directas y otros servicios, apoyándose en las ambigüedades de las leyes panameñas que impiden definir responsabilidades legales. Pero, lo que mayormente ha irritado a la opinión pública estas últimas semanas, ha sido la justificación hecha por las autoridades que han alegado ausencia de delito. Aunque si bien las influencias son difíciles de probar con nuestras actuales normas, en el campo de la moral pública no ocurre lo mismo. Allí la clave de una buena gestión gubernamental es la confianza en el funcionario. Y el primer paso para frenar la corrupción es creando conciencia y desalentando la tolerancia.
