Cortesía en el manejo, ¿qué cosa es eso?
Me afectó mucho, como a cientos de miles de panameños, el accidente ocurrido en Veraguas en el que perdieran la vida tantos inocentes. Los medios informaron que ese mismo día del accidente en la misma provincia ocurrió otro en el que murieron más personas. La semana pasada un busito colegial también tuvo un accidente en el que murió una inocente criatura. La noche del día martes la hermana de mi secretaria también tuvo un accidente siendo el vehículo que conducía arrollado por una mula y que, de milagro, salvó su vida.
En la ciudad de Panamá, a diario y de noche, transitar unas horas nos permite ser testigos constantes de atropellos, colisiones, vuelcos, etc. El conducir un automóvil se ha convertido en una pesadilla. Los constantes tranques se han convertido en uno de los primeros disparadores del estrés que da al traste con la vida de las personas mandándolas a los hospitales con problemas renales, hepáticos, cardiacos, pulmonares, en fin.
Sin embargo, independientemente de todas estas situaciones, he podido advertir una causa que, estimo, también está contribuyendo al caos vial que tenemos en este país. Hablo de la falta de cortesía en el manejo. Esa falta de cortesía se traduce en irrespetos, violencia verbal, violencia física –caso de un taxista que con un hierro en mano estuvo a punto de agredir a un conductor que simplemente le había advertido manejara ordenadamente-; obscenidades a montón, sin dejar por fuera que te mientan la madre cuantas veces les venga en gana y cuando no sacan a relucir un revólver o pistola en señal de darte un tiro y mandarte al sueño eterno.
Esa falta de educación también traduce una impaciencia singular manifiesta en competencias de conductores revestidos de un juega vivo que persigue, cómodamente, ubicarse en el primer lugar de la larga hilera de autos que pacientemente respetan el semáforo y éstos pasan como si nada pasara, fríos e indiferentes. Qué decir del conductor del diablo rojo que le vale guayaba el área de la intersección en los semáforos y que graciosamente se ubica en ella impidiendo que nadie avance aún cuando la luz verde de los semáforos les favorezca.
Es hora, pienso, de demostrar cultura, buenos modales, educación, urbanidad vial, y no poner en el timón de los vehículos todas las penas y culpas de nuestros males; no depositar en el acelerador de los carros nuestras frustraciones, traumas y dolores; mucho menos llevar en el vagón o maletero de ellos el cúmulo de nuestra incultura, falta de fe, de esperanzas y desavenencias personales.
Se impone colaboración, capacidad de comprensión, ser nobles en el manejo, verdaderamente personas de cortesía. Ayer, sin ir tan lejos en búsqueda del ejemplo, pude presenciar a cuatros sujetos, en la vía Tumba Muerto, que pensé se iban a matar entre ellos. La causa: que un conductor no le permitió al otro salir primero de un estacionamiento. Afortunadamente, todo quedó en amagos.
