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Crecimiento, desigualdad y empleo


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista.

Por más que las autoridades del área económica intenten, para decirlo en términos castizos, dorar la píldora insistiendo en que el alto crecimiento de la economía debe entenderse como un indiscutible indicador de desarrollo social, lo cierto es que cuando se toma en cuenta el problema de la desigualdad, la realidad niega rotundamente esa afirmación. Varias mediciones recientes así lo confirman el Informe de Desarrollo Humano del Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo publicado en 2011 muestra no solo el tradicional índice de desarrollo humano (IDH), sino que, además, un cálculo de este índice ajustado por desigualdad, en el que cada dimensión del mismo se ajusta por la falta de equidad observada. Para el caso de Panamá, el IDH tradicional alcanza de acuerdo con esta publicación un nivel equivalente a 0.768, lo cual nos coloca en el puesto 58 del conjunto de los países del mundo. Sin embargo, cuando el índice se ajusta por desigualdad el mismo se reduce en casi el 25%, viendo disminuir su valor a un nivel de 0.579, con lo que Panamá baja 15 puestos en la clasificación mundial, y se coloca en el lugar 73 de la misma. En términos de los componentes, la caída por desigualdad en el indicador de esperanza de vida es de 12.4%, mientras que los indicadores educación e ingresos se reducen en 17.8% y 40.5%, respectivamente. La desigualdad, consecuentemente, resulta ser un rasgo estructural y multidimensional del modelo concentrante y excluyente de la economía panameña.

La reciente publicación de Panamá en Cifras 2011 muestra para ese año una nueva caída de la participación de las remuneraciones en el producto interno bruto (PIB), al colocarse dicho indicador a un nivel de apenas el 29.8%, el cual contrasta con el 37.8% alcanzado en 2000. Más aún esta nueva cifra permite calcular que esta tendencia regresiva de la distribución del ingreso, fenómeno activo durante todo el periodo de rápido crecimiento de la economía, ha llevado entre 2004 y 2011 a una pérdida de ingresos para los asalariados de $10,187.1 millones, cifra que equivale al 32.5% del PIB registrado en 2011 y al 50.4% del consumo privado registrado en dicho año. Adicional a lo anterior se debe destacar la incapacidad del modelo concentrante y excluyente impuesto por los sectores dominantes de ofrecer trabajo digno. De acuerdo con las estadísticas actualizadas de la CEPAL, en 2010 el 34.3% de la población urbana ocupada en nuestro país se encontraba en condiciones de informalidad, superando de esta manera el nivel de 32.3% alcanzado por este indicador en 1991. Nos encontramos, entonces, frente a un fenómeno de creciente concentración de los resultados de progreso económico.

En estas condiciones, Panamá no necesita como pretenden los voceros tradicionales de los sectores económicamente dominantes, simplemente de un mejor administrador de un modelo que congénitamente es socialmente injusto, corrupto y depredador del medioambiente. Exige de un nuevo modelo de amplia participación ciudadana, capaz de conjugar crecimiento, justicia social y sostenibilidad ambiental a la vez que erradica la corrupción.

Economista.

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Lunes 17 de agosto de 2026