Crecimiento económico en beneficio de todos
Uno de los temas que con alto grado de satisfacción y vanagloria trata todo Gobierno es el que se refiere al “crecimiento económico” alcanzado en uno o varios periodos anuales. Así lo hemos constatado en los informes que periódicamente rinde el Ejecutivo a la ciudadanía a través de los medios de comunicación. Es, pues, como dejamos dicho, según los informes oficiales, la mejor credencial que se puede atribuir a Gobierno alguno. Empero, el pueblo panameño se pregunta, ¿a quién o a quiénes beneficia el crecimiento económico que experimenta Panamá?¿Acaso solo a una camarilla afortunada?
En concreto, la índole del problema socioeconómico de Panamá es otro: el desempleo. La realidad del desempleo -sobre todo el paro de los jóvenes, cada vez más frecuente y más duradero- debe abrirnos los ojos, porque ninguna sociedad puede resolver sus problemas sin crecer, ni puede crecer sin abrirse al exterior. La peculiar posición geográfica de Panamá debe hacer de nuestro país un interlocutor privilegiado tanto para sus vecinos latinoamericanos como para los Estados Unidos de América, Canadá, y todos los países europeos, asiáticos, africanos y del Medio Oriente.
Comprendemos que, en pro de la estabilidad política de nuestro país y el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo, hay que alentar cualquier indicio de crecimiento, por incipiente que este sea. Ello requiere que se ayude al país, en lo interno y lo externo, a superar la crisis mediante un crecimiento sostenido. En lo interno, los sectores más pudientes deben contribuir para que el fardo no recaiga fundamentalmente sobre los trabajadores peor remunerados y más vulnerables, que hasta la fecha han debido soportar el mayor peso de la crisis económica y las medidas del reajuste impuestas por el Gobierno. En lo externo, depende de la viabilidad del crédito internacional.
Pero si en realidad es cierto que hemos experimentado algún índice de crecimiento económico, entonces los primeros frutos de ese crecimiento no deben malograrse en la pugna entre los interlocutores sociales que intentan recuperar para sus respectivos sectores parte del terreno perdido durante la crisis. Si el crecimiento ha de tener un rostro humano, la fórmula para el futuro crecimiento tendrá que ser forjada conjuntamente por todas las partes interesadas. La ruta deberá ser trazada por los trabajadores organizados (sindicatos), los empleadores (empresarios), el Gobierno y los organismos financieros internacionales.
UNA POLÍTICA FISCAL COHERENTE Y COORDINADA, UN NUEVO PACTO SOCIAL Y LA AYUDA DE LOS PAÍSES MÁS DESARROLLADOS PODRÍAN CONVERTIR EL MARASMO DE LA ECONOMÍA NACIONAL EN UN IMPULSO SOSTENIDO DE CRECIMIENTO ECONÓMICO, PERO, ESO SÍ, ¡SIEMPRE QUE SEA PLANIFICADO Y PUESTO EN PRÁCTICA EN BENEFICIO DE TODOS LOS PANAMEÑOS...
Al Gobierno Nacional corresponde examinar más detenidamente, junto con los interlocutores sociales, un paquete global de medidas destinadas a evitar una caída brusca de la demanda interna. Elaborar programas especiales de empleo e incentivos para impulsar a las empresas a emplear a un número mayor de trabajadores. Pero los copartícipes sociales deben prestar atención a lo que algunos llaman “factores de rigidez del mercado laboral” y que otros conocen como “derechos adquiridos”.
El Gobierno y los empleadores del sector privado no pueden pretender que los trabajadores panameños condenen a sus hijos al hambre para pagar la deuda del país. Si en algún momento la situación del país aconseja practicar la austeridad salarial, su sacrificio debe fundarse en un pacto nacional, y no porque unilateralmente lo decida un determinado funcionario gubernamental o lo determine la Asamblea Nacional, mediante una ley inconsulta e impositiva. Hoy día se impone en las relaciones obrero-patronales, lo que se ha dado en llamar la concertación. Y aunque la historia del movimiento sindical muestra ejemplos de recelos ante la concertación, ello ya ha sido superado en muchos países industrializados. Se ha comprobado que la concertación no es obstáculo para fomentar entre los interlocutores sociales el hábito de negociar al mismo tiempo que contribuyen al desarrollo.
Panamá, pese a los problemas que afronta en la actualidad, posee los recursos humanos y la riqueza material para salir de la crisis económica y social que la agobia. Una política fiscal coherente y coordinada, un nuevo pacto social y la ayuda de los países más desarrollados podrían convertir el marasmo de la economía nacional en un impulso sostenido de crecimiento económico, pero, eso sí, ¡siempre que sea planificado y puesto en práctica en beneficio de todos los panameños, sin distingo de ninguna naturaleza!