Crecimiento, empleo y salarios
El hecho, varias veces comentado, de que entre el año 2000 y 2010, la participación de las remuneraciones de los asalariados en el PIB se redujera en seis puntos porcentuales resulta un hecho paradójico, que contrasta con el rápido crecimiento de la economía observado, sobre todo, a partir de 2004.
Esta contradicción adquiere mayor visibilidad si, además, se tiene en cuenta que entre 2003 y 2010 la participación de los asalariados en la población económicamente activa (PEA) se elevó desde el 61.5% al 65.9%, en condiciones que también se observó un crecimiento de la productividad del trabajo del 37.8%. Se trata, entonces, de un fenómeno que clama por una explicación que permita comprender mejor la lógica del funcionamiento del modelo económico vigente.
Para esto es ineludible referirse a la competencia que existe entre los trabajadores en el espacio del mercado laboral. Esta, si no se analiza con el suficiente detalle, pareciera ser muy limitada. Es así, por ejemplo, que para agosto de 2011, el desempleo, de acuerdo con las fuentes oficiales, afectaba a tan solo el 4.5% de la PEA. Esta cifra, sin embargo, oculta algunos elementos que pueden aclarar más la situación del mercado laboral. En efecto, si se estima la llamada medida U6, que suma a los desempleados las personas que trabajan tiempo parcial, pese a que desearían hacerlo a tiempo completo, el total de desutilización de la fuerza de trabajo alcanzaría una cifra superior que ronda el 6.0% de la PEA. Si a esto se agregan las personas que resultan ser subempleados invisibles, es decir, con un ingreso laboral inferior al salario mínimo, se alcanza un total que llega hasta el 19.4% de la PEA. Alternativamente, con el fin de medir la presión sobre los asalariados, haciendo uso de una medición popularizada por Krugman, se calcula la relación entre los ocupados de 25 a 54 años y la población total comprendida entre esas mismas edades, llegando a la conclusión que en el caso de Panamá, cerca del 24.0% de la población en la llamada población en edad de alta calidad laboral no se encuentra ocupada, representando una competencia real o potencial para los que sí lo están.
También resulta interesante señalar que se puede, siguiendo los criterios de Foster y McChesney, calcular lo que estos autores llaman tamaño máximo del ejército de reserva, el cual incluye el criterio anterior, el desempleo y el trabajo precario (cuenta propia y trabajadores familiares no remunerados). De acuerdo con este criterio, el peso de competencia que deberían soportar los asalariados activos alcanzaría al 57.8% de la PEA.
Todo esto junto a la presencia de leyes desfavorables a los trabajadores y una administración sesgada de las mismas, explica la paradoja existente entre una economía que crece rápido y una baja sistemática de la participación de los salarios en los frutos de la producción. Queda clara la necesidad de una nueva lógica para superar el carácter concentrante y excluyente que muestra la economía nacional.
Economista.